Que es una marca? Algo que se usa para vender. Un nombre vinculado a un producto, a una mercancía, para diferenciarlo de otros productos que en realidad no son muy distintos. Además, una marca es propiedad privada de alguien, generalmente de una empresa.
Usualmente una marca es para un detergente, una licuadora o una pasta de dientes. Ahora sabemos que los países también se deben convertir en marcas. El Perú ya no es un país ni una sociedad ni un conglomerado de culturas. Es una marca.
Ahora que sabemos que el Perú es una marca, otras cosas ya se vuelven mucho más claras. El país es una mercancía, y como tal se puede comprar y vender. El mercado ya no es simplemente una institución útil dentro de la sociedad, más bien la sociedad y el país son apéndices del mercado, cuya lógica y cuyas categorías pueden penetrar a cualquier esfera sin problemas, colonizándola con sus categorías y su manera de pensar.
Y si el país en su conjunto se puede vender, porque no sus partes – su selva, su agua, sus recursos naturales. Y si podemos vender todo eso, porque no la conciencia también. Nomás hay que saber ponerle una buena marca y hacer una buena campaña de marketing.
Como el “documental” es gracioso y técnicamente está bien hecho, no hay duda que aprenderemos bien la lección.
El “documental” empieza contándonos que “todo peruano, por el solo hecho de ser peruano, tiene derecho a gozar de lo maravilloso que es ser peruano.” Cuando cierto candidato presidencial dice lo mismo, se le acusa de ser “antisistema,” “salto al vacío,” “radical,” “chavista.”
El “documental” muestra a varios personajes compartiendo con los ciudadanos de Peru, Nebraska, las diversas mercancías que constituyen el Perú que ellos venden. El Perú es una papa a la huancaína, una ocopa, un pisco sour, una ola.
Rafo León, que usualmente tiene una mirada un poco más crítica, les dice a los Peru-Nebrasquinos, que, como “peruanos,” ellos “tienen derecho de viajar del Océano Pacífico a la Amazonía en un vuelo doméstico, y si tienen ganas lo pueden hacer por carretera y hasta en su propio auto.”
Con eso Rafo nos informa que, contrario a lo que pensábamos, tomar vuelos domésticos es una experiencia compartida que une a todos los peruanos, un derecho, y no el privilegio de una élite. Si la gran mayoría viaja por carretera, en buses sin cinturón de seguridad y con fallas mecánicas, con choferes que se duermen por las largas horas, con el riesgo de asaltos, por caminos estrechos y en mal estado, no es porque sea su única opción, es porque “tienen ganas” de hacerlo.
Por si acaso pensáramos que el Perú es tan solo un anticucho, una Inca Kola, una llama, el “documental” nos recuerda que el Perú también es sus estereotipos: los únicos afroperuanos que lleva son los músicos de Perú Negro, que van con el solo propósito, como dice el “documental,” de “mejorar la circulación sanguínea” de los Peru-Nebrasquinos haciéndolos bailar.
Por lo demás, el “documental” hace una débil y parcial alusión a la diversidad étnica y racial del Perú a través de los “embajadores” que lleva a Nebraska: Gastón Acurio, Javier Wong, Christian Bravo, Magaly Solier, Dina Páucar, Sofia Mulanovich, Gabriel Villarán, Carlos Alcántara, Iván Kisic, además de Perú Negro. Pero aparte de excepciones como Solier y Páucar – a las que las élites ya no pueden excluir del todo, pues el Perú ya no es el mismo país de hace 50 años – el equipo de “embajadores” no incluye al fenotipo que, si bien no es de ninguna manera superior a los demás, es mayoritario en el país. En esto el “documental” reproduce y mantiene la peculiar condición del Perú de ser un país que no se parece a su representación en la pantalla, donde aparecer en la televisión y en la publicidad es (en menor medida que antes, pero todavía) un rol reservado para un sólo grupo de piel clara, de la misma manera que ciertas profesiones eran reservadas para ciertas castas en la India antigua. Un problema incómodo del que no hablamos porque es más fácil permitir que prolifere en silencio. Como siempre, negamos o ignoramos el racismo en el discurso para así poder multiplicarlo en la práctica.
Esta mega producción, en la cual evidentemente han sido invertidos ingentes recursos (sobre todo en el transporte), parece estar dirigida más a los peruanos que a los extranjeros que puedan comprar nuestros productos. Por algo hacen chistes que solo nosotros entendemos y utilizan a personajes que solo nosotros conocemos. Para que limitemos nuestra noción de país a unos cuantos chefs de lujo, una tabla de surf, y unos cuantos estereotipos y lugares comunes.


