20 sept. 2009

La necesidad de entender el carácter particular del racismo peruano: el caso de Andrés Bedoya Ugarteche

Hace más de dos meses que no escribo en este blog... mal, muy mal. Quiero retomar un tema que ha estado en las noticias últimamente pero que siempre está presente de alguna manera...

El racismo es un fenómeno que se da en buena parte del mundo, y que adquiere una forma particular a raíz de la formación de un mundo globalizado bajo la dominación europea, a partir del siglo XVI. Aún dentro de esta vertiente, sin embargo, adquiere formas particulares, y por eso es importante que se pueda reconocer el tipo especial de racismo que existe en un país. En el Perú, mucha gente practica el racismo, lo propaga y lo transmite a las siguientes generaciones, pero logra negar que sea racista apelando a nociones que pueden ser anti-racistas en otros contextos pero que no lo son en el peruano.

Así, mientras que en la Alemania Nazi se hablaba de una “ciencia racial” que demostraba que había razas y que la “aria” era superior a otras como la semita y la eslava, en el Perú el racismo “científico” perdió prestigio bastante temprano, y, a diferencia de muchos países, aquí las estadísticas oficiales no se clasifican por raza o etnicidad. Mientras en la Sudáfrica del apartheid o en los EE.UU. de la era de la segregación se separaba a las supuestas razas por ley, en el Perú republicano no ha habido segregación legal. Y mientras en la época de la colonia los españoles utilizaban el concepto de “pureza de sangre,” en el Perú de hoy existe el cliché “el que no tiene de inga tiene de mandinga.”

La negación oficial de la raza biológica y la falta de segregación oficial son cosas muy buenas, sin duda. Pero no han sido suficientes para evitar que el racismo florezca y prospere de la manera más dañina en el Perú. Es que el racismo no necesita de aquellos mecanismos; se reproduce y crece por otros medios aquí. Por lo general, el racismo peruano consiste en diseminar y reforzar la idea de que lo blanco y lo occidental es superior (a lo andino, lo afroperuano, etc.), mientras al mismo tiempo se niega que uno sea racista o que uno haga diferencias entre las personas. El racismo acá funciona por medio del chiste y el insulto así como a través de medios más sutiles, pero con menor frecuencia a través del discurso explícito y “científico.” No niego que también puedan haber modalidades de racismo en el Perú que se asemejen al nazismo o a la ideología del apartheid, pero quiero señalar lo que considero que es una variante más nacional y que muchas veces no logramos comprender. Debido a que no la comprendemos, permitimos que siga floreciendo en innumerables formas, desde los anuncios de trabajo que buscan “buena presencia” y las discotecas pitucas que niegan entrada a la gran mayoría de peruanos hasta las postas de salud que tratan mal y discriminan a los quechuahablantes. La mayor parte de la gente que comete estos actos seguramente niega ser racista cuando se le pregunta, pero sus acciones discriminan contra los mismos grupos que las variantes foráneas de racismo, y en base a las mismas jerarquías entre lo occidental y lo no-occidental. Acá el decir “yo no soy racista” co-existe con las maneras de pensar más retrógradas sobre el valor de las culturas y las personas. Y el racismo no se limita a estas cosas; también está incorporado y materializado en la estructura socioeconómica, reproduciéndose ya no únicamente a través de la discriminación intencional sino también de los mecanismos regulares del mercado – por eso las desigualdades económicas en el Perú van unidas al color de la piel y el origen cultural, si bien no tanto como antes. Esto se da también en otros países, pero no siempre llega al mismo nivel. Finalmente, todas estas formas de racismo generan entre sectores de la población un rechazo y hasta odio hacia los que son percibidos como blancos. A veces esto se puede hasta mezclar con el racismo pro-occidental, en la misma persona.

Volviendo al terreno concreto, hace unas semanas hubo un pequeño alboroto en los medios por la entrega de un premio por el “artículo mas racista del año” al columnista del diario peruano Correo, Andrés Bedoya Ugarteche, de parte de la ONG británica Survival. Este premio fue otorgado por un artículo de Bedoya del 13 de junio de este año – “¡Pobrecitos chunchos! y otras torpezas”” – en la que no solo se refiere a los amazónicos como “chunchos” y “salvajes,” sino que ridiculiza sus culturas y lenguajes: “Apenas chancan el castellano, sus lenguas nativas no pasan de ochenta vocablos ¿y ya mastican el concepto de "cosmovisión" que todos los demás peruanos debemos respetar?” También declara que “no sé qué espera Alan que no prepara a su FAP con todo el napalm necesario.” En un artículo anterior, del 2006, Bedoya se refiere a las congresistas María Sumire e Hilaria Supa como “un par de huacos retratos de la cultura Mochica (con gollete estribo y todo).”

Si bien el racismo de Bedoya puede parecer totalmente abierto y sin tapujos, a pesar de todo el logra negar ser racista; en su columna del 13 de junio escribe: “No se atrevan a llamarme racista. Para racistas, los chunchos. Escuché las declaraciones de uno de ellos, masticando apenas el castellano, diciendo que habían muerto ‘cinco soldados, cuatro nativos y un mestizo’ ¡Es decir! Ni los criadores de perros se atreverían a tanto.” Y, en una columna más reciente, del 5 de setiembre – “Quien practica el racismo es un individuo que supone que la raza a la cual pertenece es superior a todas las demás, y que éstas deben estar a su servicio. Este individuo, o es un ignorante sin pensamiento científico, o es un absoluto imbécil, o es un enfermo mental con complejos insalvables. Y es que la ciencia ha demostrado -hasta la saciedad, el aburrimiento y el cansancio- que NO EXISTEN RAZAS SUPERIORES NI INFERIORES.” Tanto en sus columnas como en la radio y la televisión el Sr. Bedoya ha negado que hayan indígenas en el Perú, pues indígena simplemente significa oriundo de un lugar, por tanto todos los peruanos somos indígenas del Perú pues todos somos peruanos, y los que hablan de los derechos de los indígenas son los verdaderos racistas. O sea, habla de bombardear a los “chunchos” con napalm en un momento, y de la fraternidad y de borrar distingos entre peruanos en el siguiente.

En una entrevista con Radio Programas, Bedoya también insiste que el no es racista pues para serlo, “yo tendría que ser un pura sangre y no lo soy.” ¿Desde cuando no se puede ser mestizo y racista a la vez? Si los únicos racistas en el Perú fueran los blancos puros (o los que creen serlo), no habría tanto problema, pues son pocos. Lamentablemente, en el Perú el racismo está muy esparcido entre los mestizos también, o sea entre la mayoria de los peruanos. El racismo viene en muchas variedades – se puede ser auto-racista, o se puede ser racista contra los que son un poco más oscuros que uno, o un poco más quechuahablantes que uno, etc. etc. Las posibilidades son casi infinitas.

Pero más allá de eso, hay que recordarle al Sr. Bedoya que un ladrón con frecuencia niega ser ladrón, y un asesino con frecuencia niega ser asesino. Lo que el hace es como golpearle a alguien y al mismo tiempo decirle que no le está golpeando. Lo que importan son las acciones, no lo que uno dice que hace. El Sr. Bedoya niega ser racista pues dice algunas cosas que no encajan con el racismo “clásico” de un nazi, un segregacionista estadounidense de los años 60 o un defensor del apartheid sudafricano. Pero el efecto al final es el mismo. Negar la idea de la pureza de sangre, o la utilidad del uso explícito de categorías raciales, no es nada nuevo en el Perú, y no nos ha salvado para nada del racismo.

Y hablar sobre el racismo y los grupos humanos puede significar que alguien es racista, pero también puede significar lo contrario. No se puede curar las enfermedades psicológicas sin hablar de ellas, ni curar el cáncer sin describir los síntomas para poder desarrollar un tratamiento. El racismo existe y produce la raza, que también llega a existir. La raza no tiene ningún fundamento biológico, ni nunca lo podrá tener – no tiene ningún sentido como categoría biológica. Pero la raza existe como categoría social en el mundo actual – es una institución de la misma manera que el sistema jurídico, la religión, etc. Sería mejor que no existiera, pero ignorar un problema no es la manera de deshacerse de el. Es deshonesto decir “no hay razas, para que entonces hablamos de eso” y luego ir y no solo discriminar, sino en general vivir la vida reproduciendo los patrones socioeconómicos estructurados por las jerarquías sociales entre lo occidental y lo no-occidental, lo blanco y lo no-blanco.

Aparte de la raza como institución social, entre los grupos humanos muchas veces hay características culturales e históricas particulares. Estas no deben de limitar ni definir al individuo, pero tampoco se les puede negar por completo – por ejemplo, el hecho que hay una cultura Quechua en el Perú, que no es ni homogénea ni cerrada, sino que es una vertiente que fluye a través del tiempo, una corriente viva a la que naturalmente algunas personas están más cercanas que otras. O que hay una tradición cultural afroperuana, cuyos practicantes pueden con justicia sentirse orgullosos. Aunque muchos lo nieguen, el Perú es un país multicultural y las diferencias culturales hay que celebrarlas (como también hay que celebrar los distintos colores y formas en los que viene el ser humano). No estoy hablando de un multiculturalismo liberal – bien intencionado pero muchas veces condescendiente e inefectivo – sino de un multiculturalismo activo y a la vez complejo y realista, basado en un proyecto común de construir el futuro, un multiculturalismo que en un país como el Perú es realmente la única opción.

1 comentarios:

Gabriel Guzman dijo...

Igual, el racismo que desarrollas en tu artículo no es propio del Perú. Es propio de las sociedades colonizadas y obligadas a occidentalizarse, Sudamerica no es el único caso, Africa, la India, Filipinas, etc, aunque es claro que nuestro contexto es aún más patético, mestizos, pseudo indígenas, jugando con los colores de sus pieles, jugando a quien es más blanco, creyendose mejor por la cantidad de melamina que producen sus hormonas, es increible nuestra estupidez, porque en definitiva, Perú?, Bolivia?, Chile?, Argentina?, Ecuador?, etc, fronteras políticas creadas para subyugarnos mejor (dividelos y dominaras), en todo el cono sur se comparte la misma estupidez. Cambiemos.