27 feb 2010

La Teta Asustada y la Descolonización



Sin duda, La Teta Asustada - si bien es un film de calidad - no es una película perfecta. El guión es por ratos extraño, la actuación no siempre es buena, y la secuencia de escenas es a veces confusa. El mayor mérito de Claudia Llosa, sin embargo, no reside en los aspectos estéticos o técnicos. En estos aspectos ella es una directora que promete mucho pero que aún tiene mucho camino por recorrer, lo cual es natural. Más bien, lo que hace de Claudia Llosa una creadora original es el hecho que sus películas constituyen uno de los primeros momentos en que la cultura popular y mayoritaria del Perú es retratada con respeto, interés y hasta con cierto cariño en el cine peruano “de élite.”

(Digo “de élite” por falta de un mejor término para referirse al cine hecho por gente que ha estudiado cine y que tiene acceso a recursos y aspiraciones a la pantalla grande y los festivales internacionales. Este cine, producido principalmente en Lima, es distinto por ejemplo al nuevo cine ayacuchano, que por lo general dispone de menores recursos y se enmarca en otro proceso de producción y distribución, y que en sí constituye un fenómeno interesante. Llamarle al cine limeño “de élite” es inexacto pues a lo que realmente quiero referirme es a lo que en algunos países se llama cine “A” o “mainstream,” (para diferenciarlo de cine "B") lo cual es bastante más amplio que una “élite” – me refiero en realidad a películas que se muestran en los cines comerciales. No me refiero solo a cine de arte ni a élite en el sentido más específico de la palabra. Me refiero a lo que podría ser llamado cine “profesional” o “nacional,” pero pienso que es mejor no contribuir a reproducir estos términos normativos y en parte excluyentes).

Para mi Madeinusa fue una revelación a pesar de algunas cosas que no me gustaron – el exotismo con que se representaba a los pobladores andinos, el excesivo dualismo (la idea que el Perú está dividido en dos) que me parece que ya no se ajusta del todo a la realidad nacional, la presentación del incesto sin mencionar que este es condenado en la cultura andina, el desenlace final de la historia, etc. La revelación estaba en que era la primera vez que cine de esta envergadura y manejando este tipo de recursos intentaba mostrar aspectos de la vida rural andina con alguna semblanza de veracidad y autenticidad. Podemos como mínimo estar de acuerdo que por lo menos el film intenta mostrar este mundo, punto, aún si algunos dirían que veracidad y autenticidad no son conceptos que se puedan aplicar a Madeinusa. Podemos decir lo mismo de La teta, esta vez no en un pueblo andino sino en los barrios populares de Lima.



Si las dos películas de Claudia Llosa resultan pioneras en este sentido, es porque el cine y, más aún, la televisión peruana, han estado tan influenciados por la mentalidad colonizada de la cual padecemos en el Perú. El Perú ha tenido unos pocos buenos cineastas como Lombardi, a quien respeto, pero él casi no toca temas populares y si lo hace utiliza los mismos actores que utiliza para todo lo demás, actores de clase media o alta que no conocen el tema (además que el cine de Lombardi es más como teatro y por eso mismo no intenta mostrar tanto del mundo que lo rodea – aún en películas como La Boca del Lobo). En los 80s el grupo Chaski hizo películas como Juliana y Gregorio que trataban temas populares, y lo hicieron bastante bien, pero únicamente desde el ángulo de la denuncia social y la miseria, no de la naturalidad y la vida cotidiana.

Y bueno, en cuanto a la televisión casi no hay buenos ejemplos de que hablar – el racismo ha estado siempre a la orden del día, en programas como el de la Paisana Jacinta hasta hace un par de años, y también en la manera en que los trabajos de actor de televisión han sido tradicionalmente reservados para actores blancos o de piel clara (esto ha empezado a cambiar un poco, pero solo en las miniseries). No tiene nada de malo tener la piel clara, por supuesto, pero nadie tiene derecho a tener un monopolio racial sobre una profesión, mucho menos cuando esta profesión carga con tanto poder simbólico. Esta característica de la televisión peruana se da en el resto de América Latina también, por cierto – amigos de otros continentes me han mencionado que ellos crecieron creyendo que todos los latinoamericanos eran blancos, pues eso es lo único que se ve en la gran mayoría de telenovelas venezolanas, mexicanas, etc. que se exportan al resto del mundo. En el Perú es muy fuerte este racismo por color de la piel. Pero se manifiesta también en la manera de volver invisible a la cultura de las mayorías, en el cine, en la TV, y en diversos otros espacios. Es que el Perú no es un país normal – es un país donde todavía es la minoría cultural/étnica la que tiene el poder, en ese sentido es como Sudáfrica antes del fin del apartheid (con la diferencia que en el Perú las segregaciones y discriminaciones no están en las leyes sino en el accionar cotidiano y la estructura económica, que son más difíciles de cambiar). Aunque si realmente vamos a hablar con precisión, no se trata tanto de grupos raciales o étnicos sino de relaciones de opresión y explotación que se basan entre otras cosas en la ideología de la supremacía blanca/occidental, lo cual hay que eliminar para que podamos vivir en una sociedad realmente libre.

Esa mediocridad, esa mentalidad colonizada, se expresan en la casi inexistencia en el Perú de cine de calidad que incluya la representación de la cultura de las mayorías del país, como si lo tienen países como Irán, China, India, etc. Eso es lo que ha empezado a cambiar Claudia Llosa, y en mi opinión es en ese aspecto que se encuentra su mayor mérito. Se podrá decir que pegar secuencias de gente bailando en matrimonios no es para tanto, no es un acto descolonizador ni un cambio en los paradigmas estéticos nacionales. Ya, pero es más de lo que otros han hecho hasta ahora. Y bueno, yo tampoco creo que eso sea todo lo que ella ha hecho. La teta asustada, a pesar de algunos problemas en el guión, la actuación y la edición de la película, sigue siendo una película de calidad hecha con arte y originalidad y con cariño por el mundo que intenta representar.

Un problema adicional que si hay que señalar es el ritmo pausado y algo distante, casi frío, de la película, que sin proponérselo le da un cierto aire de exotismo y una mirada casi etnográfica a veces. Claudia Llosa tiene derecho como artista a hacer películas tan pausadas y distantes como quiera, por supuesto, pero dado el tema que trata y el contexto del Perú, tiene que cuidarse de no producir este resultado. Es que con esto se expone a los que quieren tildarla de racista por mostrar costumbres y realidades que a ellos les incomodan (debido a que son ellos en realidad los que son racistas, pues no pueden concebir que sea posible representar a la culturas andina, popular o chicha sin denigrarlas). Quizás hubiera ayudado que la película trate a la “cultura chicha” con más naturalidad (y menos como objeto de estudio), como parte de la vida cotidiana de la gente que se niega a ser derrotada por la adversidad y que más bien construye un mundo nuevo y original, muchas veces con pocos recursos.

En fin, el Perú necesita más artistas talentosos y prometedores como Claudia Llosa que se esfuercen por crear un espacio representativo menos colonizado, donde la cultura popular (andina, afroperuana, amazónica, nikkei, criolla, lo que sea) sea tratada como cultura nacional, vida cotidiana y espacio para la construcción de un país y de un pensamiento cosmopolita y universal, y no simplemente como “folklore,” como lamentablemente se acostumbra decir en el Perú.

Fotos: http://www.cbc.ca/arts/film/story/2009/02/14/berlinale-prizes.html y http://en.wikipedia.org/

24 feb 2010

Historia sindical - Cerro de Pasco


Comparto una nota que escribí hace un poco más de un año, sobre la historia de los sindicatos mineros en Cerro de Pasco:


En la historia toda transformación tiende a tener consecuencias a menudo imprevistas hasta para sus más asiduos promotores. El surgimiento de la minería industrial en el centro del Perú a partir de 1902 llevó, a través de un largo y tortuoso proceso, a la constitución de un nuevo actor social en la región: los sindicatos mineros. Como en otras zonas del mundo donde se ha concentrado a grandes números de seres humanos para producir riquezas a cambio de un salario, estas organizaciones han vivido una historia marcada por triunfos y fracasos, por épocas de unión y de desunión. Una historia que, en todo caso, no debe ser olvidada, y que en esta pequeña reseña intentamos reconstruir con especial mención al caso de Cerro de Pasco.

Los primeros años de esta historia no son de sindicatos formalmente establecidos, sino de conflictos esporádicos e intermitentes, pero a veces violentos, en torno a las condiciones de trabajo. Toda actividad industrial genera contradicciones que no pueden ser resueltas únicamente a través de los mecanismos del mercado o el accionar de las mismas empresas. Ya en 1902, a poco tiempo de establecerse la Cerro de Pasco Corporation, hubo una manifestación laboral en la Plaza Chaupimarca, exigiendo un aumento salarial así como mayor frecuencia en el pago y que este fuese en efectivo en vez de fichas. En 1904, como ha documentado Juan Santiago Atencio, se produce un choque en la pampa de Unish entre la policía y un grupo de trabajadores enardecidos ante un accidente ferroviario provocado por la irresponsabilidad de la empresa, muriendo en el enfrentamiento el dirigente Melchor Gamarra. No todo consistía de conflictos violentos; un fenómeno común era el no cumplimiento de contratos de enganche. Como contaba la intelectual indigenista Dora Mayer en 1913, una explosión en una de las minas de Cerro en 1908 había llevado a los trabajadores enganchados de la comunidad de Chongos, del valle del Mantaro, a decidir retirarse de las minas en masa. En 1909 hacen huelga los fogoneros del ferrocarril de la empresa, exigiendo una jornada de trabajo de 9 horas, pero la empresa logra apresar al dirigente Washington Oviedo y deportar a otros 5 huelguistas de Cerro de Pasco. Como estos casos se podrían citar muchos otros.

Sin embargo, es solo a fines de los años 20 que estas acciones ocasionales y espontáneas empiezan a converger en una organización duradera. En 1928, consternados por un accidente en Morococha que había causado 28 muertes, José Carlos Mariátegui y su grupo establecen contacto con el profesor Gamaniel Blanco y el dirigente minero Adrián Sovero, dando inicio a un proceso de organización sindical en todos los centros mineros de la Corporation. Estos años son descritos vívidamente por Miguel de la Mata – actor y testigo de los sucesos – en su novela En la Noche Infinita, donde el dirigente Antonio Ponce exhorta a los trabajadores: “¡juntémonos como las carretillas de mineral, y como los minerales de Cerro de Pasco, de Morococha, de Casapalca, fundámonos en un solo anhelo!”. El 7 de setiembre de 1930, una manifestación del nuevo sindicato en Cerro de Pasco termina en un choque con la policía resultando en 6 trabajadores fallecidos. Dos meses después, durante el Primer Congreso de Trabajadores Mineros del Centro, los dirigentes son apresados; cuando los trabajadores de la sección de construcción en Malpaso marchan a La Oroya protestando este abuso, son abaleados por la policía, dejando 23 trabajadores muertos. La masacre de Malpaso anuncia la represión del movimiento por parte del gobierno de Sánchez Cerro, que deja a muchos dirigentes encarcelados, entre ellos Gamaniel Blanco, quien muere en prisión. El naciente sindicalismo minero se debilita, dando inicio a lo que el sociólogo Denis Sulmont ha llamado “los años bajo tierra.”

Es solo a mediados de los años 40, durante el gobierno de Bustamante y Rivero, que se puede volver a formar sindicatos mineros en el centro, esta vez ligados ya no al movimiento comunista sino al Partido Aprista. En 1946 se funda el sindicato de Cerro de Pasco, junto con los de Goyllarisquizga, Huarón, Morococha y muchos otros centros mineros. Estos sindicatos logran sobrevivir la dura represión de Odría, y con el transcurso de los años logran importantes mejoras salariales y de condiciones de vida. El vínculo con el Apra se mantiene hasta fines de la década del 60, cuando los trabajadores empiezan a radicalizar sus luchas. En 1967, cerca de 1,500 trabajadores de Atacocha protagonizan una marcha de sacrificio a Lima, siguiendo los pasos de una anterior marcha de los estudiantes de Cerro de Pasco. Dos años después, la marcha de sacrificio de Cobriza y La Oroya marca el fin de la era aprista en los sindicatos mineros y el inicio del sindicalismo “clasista” y radical, vinculado a los partidos de izquierda.

Los 70s y 80s van a ser épocas de dramáticas luchas – como la huelga de 1971 en que cae el dirigente de Cerro de Pasco Gudelio Espinoza - en las cuales se consiguen significativas mejoras así como mayores niveles de centralización en el movimiento sindical minero, con organizaciones como la Federación de Centromín, la Federación Minera de Pasco y, a nivel nacional, la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú (la FNTMMSP). Aunque la dirigencia sindical en Centromín decide no participar en el histórico Paro Nacional del 19 de Julio de 1977, que resquebrajó el poder de la dictadura militar de entonces, los trabajadores del centro si participan en la huelga nacional minera del siguiente año en la que 10,000 mineros y sus familias hacen marcha de sacrificio a Lima, pidiendo reposición de los trabajadores despedidos a raíz del paro del año anterior. Esta huelga termina el 6 de setiembre de 1978 cuando los trabajadores son violentamente desalojados de la Universidad de San Marcos por las fuerzas policiales. En 1983 los trabajadores mineros de Cerro de Pasco y del centro nuevamente emprenden marcha de sacrificio a Lima buscando alcanzar su pliego de reclamos.

Esta es la época también en que se forman los comités de amas de casa mineras (CACs), a través de los cuales las esposas de los trabajadores, sustentadoras del hogar y responsables de la reproducción de la fuerza laboral, forman la línea de defensa durante las huelgas. Como dice una dirigenta de estos comités, “era importante que las amas de casa, que somos las que mas estamos en el hogar, que sabemos que es lo que necesitamos en el hogar, para los hijos, éramos las que mas deberíamos de andar luchando.” Pero los 80s también vieron la irrupción del conflicto armado entre Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas, el cual puso al movimiento minero entre los dos fuegos. Así, el dirigente minero y campesino Teófilo Rimac Capcha es desaparecido por el ejército en Cerro de Pasco en 1986, y el 2 de Marzo de 1989 el secretario general del sindicato de Cerro, Seferino Requis, es asesinado en plena asamblea, aparentemente por Sendero. Los años 1988 y 1989 es también cuando se desarrollan, sin éxito, las huelgas nacionales por el Pliego Nacional Minero. La larga contienda, junto con el impacto de la violencia, termina debilitando a los sindicatos y a las federaciones, que luego no logran resistir la ofensiva de flexibilización laboral, privatización y despido de miles de trabajadores bajo el régimen fujimorista. Tras el fin del gobierno autoritario en el 2000, el movimiento sindical minero ha mostrado algunos débiles signos de recuperación, aunque ahora tiene que lidiar con una legislación laboral hostil y con una fuerza laboral dividida por el fenómeno de la tercerización.

Fuentes

Entrevistas.

DeWind, Josh. 1977. De Campesinos a Mineros.

Flores Galindo, Alberto. 1974. Los Mineros De Cerro De Pasco, 1900-1930.

Krujit, Dirk y Menno Vellinga. 1979. La Cerro y el Proletariado Minero-Metalúrgico.

Mayer, Dora. 1913. La conducta de la Compañía Minera del Cerro de Pasco.

Pérez Arauco, César. Cerro de Pasco: Historia del Pueblo Mártir del Perú.

Santiago, Juan.1988.Historia de las Marchas de Sacrificio. Huelgas y marchas de los Mineros del Centro.

Santiago, Juan. 1990. Historia del Movimiento Minero, 1900-1919.

Sulmont, Denis. 1980. Historia del movimiento obrero minero-metalúrgico.


Foto: del autor

9 feb 2010

Exposición fotográfica en ex-Hacienda San Agustín: Nota de prensa oficial


"A PUNTO DE DESPEGAR”
Exposición fotográfica

¿Y a dónde vamos a ir? ¿Y esa gente que no tiene nada y vive de la chacra? No quiero que llegue ese día. Ahora que estamos como los aviones a punto de despegar, se están preocupando más. Aun después del viaje se sigue sufriendo por la tierra, ella es todo y causa dolor. Estas son nuestras raíces. Nos despertamos cuando sale el sol y nos acostamos ya entrada la noche, así espero que siga siendo.

- Juan Yara Shimabukuro.
Del libro: Oía mentar la Hacienda San Agustín


Este domingo 21 de febrero a partir de las 12 del mediodía hasta las 8 de la noche en el Asentamiento Humano “El Ayllu”, Ex hacienda San Agustín, a espaldas del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez (Callao) se presenta la exposición fotográfica “A punto de despegar”.

La exposición mostrará el trabajo fotográfico de Susan Bonilla (19), Chelsy Rivera (14), Yaré Rivera (12), Alexis Vega (12) y Kelly Vega (11), jóvenes fotógrafos de “El Ayllu” quienes a lo largo de dos años de trabajo con la coordinación e iniciativa de Lorena Best Urday han registrado la vida cotidiana de su pueblo, creando un amplio banco de imágenes. Las fotografías dan cuenta de San Agustín desde la mirada de sus jóvenes fotógrafos: sus calles, casas, callejones, recovecos, chacras, acequia, árboles, canchas y las historias que en ellas se han vivido y se viven.

La exposición fotográfica “A punto de despegar” se plantea como una instalación que invita al recorrido por los distintos espacios de la ex hacienda, compartiendo una experiencia entre el discurso artístico y el espacio real. Durante la exposición se instalará una radio libre para compartir historias, música, recuerdos, sueños, etc. De la misma forma habrá una feria de comidas preparada por las señoras del comedor de madres 14 de abril Nº 4 de “El Ayllu”.

Para el cierre de la jornada la Asociación Guarango presentará “De Ollas y Sueños” un documental sobre el poder integrador de la cocina peruana, un punto de reencuentro y proyección hacia el mundo. Dirigido por el reconocido documentalista Ernesto Cabellos.

La exposición tiene como propósito, además de compartir la cultura y vida cotidiana de este espacio, contribuir con la difusión de la problemática actual de la ex-hacienda San Agustín: terrenos de cultivo y espacios de vida que están destinado a ser desaparecidos. “El Ayllu” es uno de los Asentamientos Humanos que forman parte de esta ex-hacienda una población que será desplazada por la expansión del aeropuerto y la construcción de una nueva pista de aterrizaje. La población de la Ex hacienda San Agustín es una comunidad de raíces afroperuanas, nikkei, andinas y amazónicas quienes en su mayoría están allí desde antes de la construcción del aeropuerto.

Para conocer más sobre el Asentamiento Humano "El Ayllu" en la Ex hacienda San Agustín y la exposición fotográfica “A punto de despegar”:

www.exhaciendasanagustin.blogspot.com
www.apuntodedespegarsanagustin.blogspot.com

Ubicación del Asentamiento Humano "El Ayllu": Km 3.6 de la Avenida Néstor Gambeta
(Callao). Frente al Asentamiento Humano Juan Pablo. Frente al nuevo Ransa. A espaldas del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Para llegar: subir por Av. Néstor Gambeta, bajar en la entrada a Juan Pablo y/o San Agustín y tomar moto taxi hasta “El Ayllu”.


Organizan: Lorena Best Urday, Kristel Best Urday, Elizabeth Lino Cornejo y Federico Helfgott Seier.
Invitado especial: Asociación Guarango

Gracias por la difusión

5 feb 2010

"A punto de despegar" - Exposición en ex-Hacienda San Agustín




El domingo 21 de Febrero habrá una exposición de fotografías tomadas por niños y jóvenes del Asentamiento Humano El Ayllu, parte de la ex-hacienda San Agustín, detrás del aeropuerto Jorge Chávez. La exposición, que tomará lugar en la misma ex-hacienda, es parte de un taller de fotografía desarrollado por Lorena Best Urday, y de un esfuerzo más amplio por difundir la cultura, historia y situación actual de los pobladores de El Ayllu. Pueden leer más sobre el evento en el siguiente link: http://apuntodedespegarsanagustin.blogspot.com/.

También pueden veralgunas fotos del taller en el album: http://www.flickr.com/adespegar.

Los asentamientos humanos que conforman la ex-hacienda están desde hace tiempo destinados a ser desalojados por la expansión del aeropuerto Jorge Chávez. La dirigencia y pobladores de El Ayllu no se oponen a la expansión del aeropuerto en si, pero les preocupa el hecho que hasta ahora no hay un plan claro sobre adonde reubicarlos y que en más de una ocasión han sido llamados "invasores" cuando en realidad ellos están allí desde antes de la construcción del aeropuerto. La ex-hacienda San Agustín es hoy en día una comunidad de raíces afroperuanas, nikkei, andinas y amazónicas. Muchos de los pobladores son descendientes de trabajadores o yanaconas de la antigua hacienda.

Además del link arriba, pueden encontrar más información sobre la ex-hacienda San Agustín en la siguiente página:http://exhaciendasanagustin.blogspot.com/. También existe el libro de historia oral Oía Mentar la Hacienda San Agustín, de Kristel Best,Elizabeth Lino, Alejandro Hernández y María Gonzáles, editado por el Convenio Andrés Bello (hay un link en el blog).

La ex hacienda San Agustín se encuentra en el km. 3.6 de la Av. Néstor Gambetta, frente al nuevo Ransa, en el Callao, a espaldas del aeropuerto Jorge Chávez.

22 ene 2010

Haití: De la Revolución al Terremoto

El terrible terremoto ocurrido en Haití ha puesto a esta nación en la conciencia del mundo como quizás nunca antes. Pero la mayor parte de la gente sabe muy poco sobre Haití, solo que es el país más pobre de América. Algunos más lo asocian con cosas negativas como la violencia política y con una imagen totalmente falsa de su religión nacional, el vudú. Por más de dos siglos, ha habido una conspiración de silencio contra Haití, por lo menos contra su verdadera historia. Como ha escrito el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot, la historia de Haití era para el mundo occidental (y para los países con mente colonizada, como todos los países latinoamericanos) una “historia impensable.” En cierta manera, Haití mismo era un país impensable.

Si preguntamos por qué Haití es el país más pobre de América, hay que considerar que casi la totalidad del país está compuesta de descendientes de esclavos. Es que Haití fue una colonia muy distinta a Brasil, Cuba o Estados Unidos (ni que decir del Perú), todos países que también tuvieron esclavitud. Saint Domingue, como Haití era conocido en las épocas en que era una colonia francesa, era básicamente una densa cadena de plantaciones de azúcar trabajadas por esclavos traídos del África. Era controlada por una diminuta pero poderosa clase de franceses y sus descendientes que eran dueños de plantaciones, con una ligeramente más grande pero aún pequeña proporción de mulatos y negros libres. Los esclavos componían más del 90% de la población, un porcentaje mucho mayor que en el resto de América. Era uno de los lugares más ricos del mundo, en el sentido de producir la mayor cantidad de riqueza, en este caso para los dueños de plantaciones y para Francia. Ninguna otra colonia – ni Cuba, ni Brasil, ni Jamaica – producía tanta azúcar como Haití. Al mismo tiempo, era la colonia que tenía las peores condiciones y los castigos más inhumanos para los esclavos.

En 1791, dos años después de la toma de la Bastilla en Francia, los esclavos de St. Domingue se rebelaron. Tras una ceremonia nocturna conducida por el esclavo Boukman, empezaron a incendiar las plantaciones de azúcar, recorriendo la campiña y derrotando a las fuerzas enviadas por sus amos. En América, los amos podían concebir una revuelta de esclavos, pero no algo que arrasara con toda una colonia en tan poco tiempo. Los dueños de plantaciones de St. Domingue se aliaron con Inglaterra, y esta nación invadió en 1793. El líder del nuevo ejército esclavo, Toussaint L´ouverture, se alió con el general francés y jacobino radical Felix Sonthonax para luchar contra los ingleses. Aprovechando la ascendencia de sectores más radicales dentro de la Convención Nacional en París (donde en los primeros años de la Revolución Francesa los dueños de plantaciones y sus aliados habían tenido un poder mayor), una delegación compuesta de negros, blancos y mulatos viajó a Europa y logró establecer una alianza entre los esclavos insurrectos y la República Francesa. Como resultado de esta alianza, en 1794 Francia declara la abolición de la esclavitud en todas sus colonias, y extiende la ciudadanía francesa a todos los hombres en sus territorios, sin importar el color de la piel. A su vez, en 1798 el ejército ex-esclavo de Toussaint L´ouverture finalmente derrota a los ingleses y a los dueños de plantaciones franceses y, victorioso, invade la otra parte de la isla, la colonia española de Santo Domingo, para liberar a los esclavos allí.




Toussaint L´ouverture.

(fuente: www.pbs.org)


Pero al declararse emperador, Napoleón Bonaparte decidió restablecer la esclavitud en todas sus colonias, preocupado por la pérdida de una institución tan económicamente valiosa, y así terminó la alianza entre los ex-esclavos y la Revolución Francesa. Toussaint L´ouverture fue arrestado y llevado a la prisión en Francia, donde murió poco después. La esclavitud regresó a otras colonias francesas como Guadeloupe y Martinique, donde duraría varias décadas más, pero Napoleón sabía que St. Domingue sería más complicado. Por eso en 1802 envió un ejército comandado por su cuñado para restablecer la esclavitud y volver a las épocas en que la colonia era la joya de Francia. Pero este ejército francés fue diezmado y derrotado por los ex-esclavos, ahora liderados por Jean-Jacques Dessalines, con la ayuda de la malaria. Libres al fin de toda intervención por parte de las potencias esclavistas, los ex-esclavos declararon su independencia de Francia en 1804 y adoptaron el nombre de Haití, que era como los indígenas Taínos, exterminados por la invasión española y sus enfermedades, habían llamado a su isla. Los dueños de las plantaciones se habían ido (muchos a Estados Unidos o Cuba) o habían perecido en la revolución (sobre todo hacia el final); era un país compuesto por negros ex-esclavos y por una minoría de mulatos. Si bien en algún momento la Revolución Haitiana había significado una propuesta universalista para todos los territorios franceses, en la creación de la nueva nación si entró un elemento explícitamente racial, influenciado quizás por la traición por parte del estado francés. La nueva constitución haitiana no solo abolió la esclavitud para siempre sino que declaró que desde ese momento todos los ciudadanos de Haití serían llamados negros, sin importar el color de la piel. Hombres blancos extranjeros no podían venir y adquirir propiedades en la isla, pero los pequeños grupos de polacos y alemanes que se habían quedado en la isla eran declarados negros y ciudadanos haitianos con todos los derechos.

Algunos de los líderes de la revolución intentaron forzar a la población a volver a las plantaciones de azúcar, pero los ex-esclavos se negaron a retornar a las plantaciones opresoras que tanto esfuerzo les había costado destruir. Las tierras fueron parceladas, y los haitianos se convirtieron en pequeños (muy pequeños) agricultores de subsistencia, en un territorio arrasado por 13 años de guerra, sin casi nada de tecnología y con una alta densidad poblacional como consecuencia del afán del antiguo régimen de maximizar la producción de azúcar importando ingentes cantidades de esclavos de África. Con este cambio en el sistema productivo después de la revolución, Haití, de ser una colonia que producía enormes cantidades de riqueza, la cual era apropiada por los amos y por comerciantes franceses, simplemente dejó de producir riqueza, por lo menos el tipo de riqueza que es visible en el mercado internacional. No se puede decir realmente que los ex-esclavos se empobrecieron, pues siendo esclavos no habían tenido casi nada; por lo menos ahora tenían su libertad, que ellos mismos habían conquistado. Tenían su libertad pero producían muy poco excedente, y los eventos posteriores impidieron que esto pudiera cambiar en alguna forma.

El mundo occidental, que debatía y seguiría debatiendo por mucho tiempo si es que los africanos eran seres humanos o no, quedó atónito ante una exitosa rebelión de esclavos, ante la expulsión de los amos y ante la transformación de la “joya del Caribe” en la autoproclamada República Negra. Haití se convirtió casi en una mala palabra, y los países europeos y Estados Unidos se negaron a reconocer a la nueva república o a comerciar con ella. Cuando finalmente la reconocieron, fue con la condición que Haití indemnizara a Francia por las pérdidas económicas sufridas a consecuencia de la liberación de los esclavos. Esta enorme indemnización (que como algunos han sugerido Francia en el contexto actual debería devolver, ajustada para la inflación) no terminó de ser pagada hasta los años 1930, y junto con el ostracismo económico debilitó aún más a la economía de los descendientes de los esclavos insurrectos.

Sin duda, el caos político al que Haití se vio sometido poco después de la independencia, con golpes de estado, déspotas y violencia, tampoco ayudó. La cultura militarista generada por 13 años de guerra y revolución hizo sus estragos: Dessalines se declaró Emperador de Haití, imitando a Napoleón, hasta que fue asesinado poco después. Henri Cristophe restauró la República y se declaró presidente, pero unos años después también se coronó monarca del Reino de Haití. Sin embargo, Alexandre Petion restableció la república en el sur de Haití y se hizo presidente, limitando la influencia de Cristophe al norte hasta que este último se suicidó unos años después. Pero esta inestabilidad política no fue muy diferente de la de otros países latinoamericanos en el siglo XIX, solo en versión más extrema, pues el trauma colonial impuesto sobre Haití había sido más extremo también. Y Haití jugó un rol en las guerras de independencia del resto de América Latina también – en 1816, derrotado en las primeras etapas de su lucha independentista, Simón Bolívar huyó a Haití, donde fue recibido por el presidente Petion y equipado con tropas para volver a Sudamérica a luchar contra España. Petion le puso una condición – que Bolívar liberara a los esclavos en América del Sur. Si bien Bolívar emitió algunos decretos, la esclavitud en las repúblicas que él creó continuaría por tres a cuatro décadas más; en Brasil no sería abolida hasta 1888.

Lo que había ocurrido en Haití era impensable, y el mundo no tardó en reproducir el ostracismo económico y político en un ostracismo del conocimiento, condenando a la Revolución Haitiana al olvido y el silencio. Hasta ahora, poco se aprende en los colegios del Perú sobre lo que sin duda es uno de los eventos más importantes de la historia de la humanidad: no sólo el primer país latinoamericano en declarar su independencia (y el segundo en América, después de EE.UU.), sino también la única rebelión de esclavos que fue exitosa en la historia de la humanidad, por lo menos al nivel de terminar con la esclavitud en todo un país, y además la primera vez en el mundo moderno que se declaró la abolición de esta institución (Inglaterra recién declaró la abolición del tráfico de esclavos en 1807 y de la esclavitud en sí en 1838). En vez de eso, enseñamos mediocridades sin importancia que ayudan a reproducir la mentalidad colonizada y racista, haciéndonos ver a países como Haití con desprecio y distancia y no como hermanos. Otro sería el mundo si todos aprendiéramos sobre la Revolución Haitiana y pensáramos en sus implicancias.


A los problemas antes señalados, se sumó en el siglo XX la invasión estadounidense (de 1915 a 1935), una élite predatoria y dictaduras repugnantes como la de la familia Duvalier, con frecuencia apoyadas por Estados Unidos. Y en los años 90 el FMI y el gobierno estadounidense impusieron las mismas crueles medidas de ajuste estructural que establecieron en el resto de América Latina – programas que no son sino formas de solucionar las crisis económicas haciéndole pagar los costos a los pobres. A pesar de todo, los haitianos mantuvieron viva la memoria de sus heroicos antepasados y desarrollaron una cultura rica y fértil, simbolizada por la religión del vudú, que nada tiene que ver con la imagen hollywoodense de alfileres y muñecos sino que es una religión africana – centrada alrededor de una serie de dioses o lwas – con ciertos elementos católicos.

Yo no creo que los problemas de un país puedan ser atribuidos únicamente a factores externos o a potencias extranjeras. Si fuese haitiano sin duda encontraría muchos factores internos que criticar en mi país. Pero como dijo Marx, los seres humanos hacen su propia historia, pero la hacen bajo circunstancias que ellos no eligen. Las acciones y decisiones, así como los procesos inconscientes y estructurales de una generación, se convierten en las condiciones dadas de la siguiente. Los factores internos y externos interactúan y se producen mutuamente, hasta casi borrar la distinción entre interno y externo.

Si en estos momentos difíciles no se tiene respeto por la historia única e increíble de Haití, no se le podrá tratar con la dignidad que se merece. Eso es lo que está sucediendo ahora, según varios informes –la mayor parte de las ONGs y los soldados de la ONU y de EE.UU. parecen más preocupados por resguardarse ante el supuesto carácter violento de los haitianos, y por competir entre sí y extender sus redes de influencia y poder, que por realmente ayudar a los heridos y damnificados del terremoto. Las donaciones se demoran días en salir del aeropuerto porque los empleados de las agencias de ayuda internacional no quieren salir a las calles sin guardespalda. Estados Unidos mientras tanto ha tomado control militar del país, ¿será para reconstruirlo según un modelo basado en las garantías al gran capital? Y los medios de prensa se deleitan con su sensacionalismo y voyeurismo – un ejemplo vergonzoso aquí en el Perú es el del diario Ojo, periódico amarillo que en su portada sacó una foto de sus periodistas enviados a Haití, posando sonrientes y abrazados como turistas en la playa. ¿Por qué se permite la entrada de periodistas frívolos, que son una carga extra para alimentar y hospedar, cuando hay tanta gente que aún no ha recibido ayuda y para quienes ya es demasiado tarde? Los políticos no se quedan atrás, como se pudo ver en el caso del Primer Ministro Velásquez Quesquén que aprovechó la pequeña donación que hizo el Perú para viajar a Puerto Príncipe y tomarse una foto entregando la ayuda al presidente de Haití René Preval. En vez de agobiar a Haití con más carga en la forma de ministros figurettis, el Perú debería desde un principio haber enviado a rescatistas o médicos con experiencia – eso hubiera sido una mejor muestra de solidaridad que un apretón de manos autocomplaciente.

No se trata de idealizar a Haití ni a ningún otro lugar, pero esta nación impensable es el país que aportó la idea de la libertad al mundo, y se merece ser tratada con más respeto del que actualmente está recibiendo.


Fuentes y lecturas recomendadas –

En castellano y traducidos:
- C.L.R. James, Los Jacobinos Negros: Toussaint L´Ouverture y la Revolución de Haití. (1938). Editorial Fondo de Cultura Económica.
- Alejo Carpentier, El Reino de Este Mundo.
- Edwidge Danticat, La Cosecha de Huesos. Editorial Norma, 1999.

En inglés:
- Laurent Dubois, Avengers of the New World: The story of the Haitian Revolution (2005).
- Michel-Rolph Trouillot, Silencing the Past: Power and the Production of History. (1995).
- Huon Wardle, “Understanding the Haitian Revolution.” http://openanthcoop.ning.com/group/historicalanthropology/forum/topics/understanding-the-haitian
- Carolyn Fick, The Making of Haiti: The St. Domingue Revolution from Below. (1990)
- Mary Renda, Taking Haiti: Military Occupation and the Culture of U.S. Imperialism, 1915-1940. (2001)
Jean-Price Mars, So Spoke the Uncle (Ainsi parla l´Oncle). (1928)

24 dic 2009

El Museo de la Memoria no debe estar en Miraflores

No juzgo a los vecinos de Miraflores, que son parte del Perú también. ¿Pero por que construir el Museo de la Memoria ahi? Es cierto que el alcalde ha donado el terreno, pero debe haber sitios disponibles en otros barrios de Lima. Si no hay ofrecimientos de otros alcaldes, entonces para eso están los organizadores, para que hagan las gestiones necesarias.

En primer lugar, independientemente del carácter particular de este museo, ya hay suficientes oportunidades culturales y de aprendizaje en distritos pudientes como Miraflores, y pocas en otras zonas. Para evitar seguir reproduciendo esta desigualdad, habría que tratar de localizar nuevas instituciones y museos, irrespectivamente del tema del que traten, en zonas menos acomodadas.

Pero en el caso particular del Museo de la Memoria, es especialmente importante no caer en el juego de la derecha de querer representar el tema de los derechos humanos como algo pituco, “caviar”, elitista. Derechistas que en otras ocasiones denigran al pueblo, no pierden tiempo en acusar a los “caviares” de elitismo por defender a los derechos humanos. Esa es precisamente la tradicional estrategia fascista, utilizar argumentos populistas selectivamente para avanzar una agenda que en última instancia es antipopular. Es cierto que hay tendencias estructurales que hacen que con frecuencia los derechos humanos como tales sean una preocupación de intelectuales de clase media o de élite, como algunos de los integrantes de la Comisión de la Verdad. Pero hay que ser muy cínico para pensar que debido a esto los derechos humanos son un tema que por naturaleza pertenece a las élites. Es fácil pensar que los derechos humanos son una frivolidad – hasta que a uno mismo le toca ser torturado, o que le desaparezcan a un familiar. ¿Quienes fueron los que más sufrieron la violencia política en el Perú? No fueron los vecinos de Miraflores, con la excepción del atentado de Tarata. Fueron, en su mayoría, peruanos que vivían en pueblos o barrios bastante lejos de Miraflores, que probablemente verían a Miraflores como un espacio alienante y ajeno, y que con frecuencia serían discriminados en los restaurantes y discotecas de Miraflores.

Construir un Museo de la Memoria elitista es contribuir a los esfuerzos fascistoides de la derecha por hacer creer al pueblo peruano que los derechos humanos son algo que no les concierne – esfuerzos que tienen como propósito, por supuesto, poder pisotearles esos mismos derechos con impunidad, y poder declarar, como hizo el ministro Rafael Rey, que masacres como la de Putis no son delitos de lesa humanidad.

En el caso de Vargas Llosa, el flamante director del museo, sospecho que el genuinamente no va a querer alejarse de Miraflores o de su Barranco. Pero no me sorprendería que García esté secretamente feliz de que el museo al que inicialmente se opuso termine proyectando una imagen de elitismo y exclusivida, pues esto le resta efectividad.

5 nov 2009

De Soto en la Selva: Un Análisis de El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos

El economista Hernando de Soto es sin duda uno de los peruanos más famosos y celebrados en el mundo, habiéndose convertido en un verdadero guru para algunos círculos internacionales, sobre todo después de la publicación de su último libro El Misterio del Capital. Esta popularidad se debe a varios factores: De Soto ha tenido varias ideas originales, escribe bien, se ha vinculado a uno de los fenómenos más importantes de la segunda mitad del siglo XX – la migración de millones de personas del campo a las ciudades del tercer mundo y la nueva economía que crearon – y ofrece soluciones al problema de la pobreza que no sólo parecen sencillas sino que prometen arreglar todo sin costo alguno para los sectores más poderosos y adinerados del planeta.

Ahora de Soto ha ingresado al debate sobre el reciente conflicto en la amazonía peruana, con una producción fílmica que dice responder a un llamado de Álan García a que todos aporten para conseguir la “paz social” en la selva tras los sucesos de Bagua. En el video El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos, de Soto argumenta que lo que los pueblos amazónicos necesitan son derechos de propiedad – individual – bien definidos, para así poder ingresar al mercado y volverse pequeños e incluso grandes capitalistas; directamente propone la parcelización de las comunidades nativas. El video muestra como de Soto viaja a una localidad de la selva junto con representantes de tribus indígenas canadienses que se han vuelto ricas y exitosas en el mundo de los negocios, con el propósito de mostrar a los amazónicos que ellos también lo pueden lograr.




Alberto Chirif, antropólogo que trabaja en la amazonía, ha escrito una crítica punzante a este proyecto de de Soto, la cual recomiendo leer antes que nada . Allí Chirif muestra la manera superficial en que De Soto representa a la selva e incluso específicamente a las comunidades a las que visita. No voy a centrarme tanto en estos temas, sino en aspectos más generales de los argumentos de de Soto.

Desde los años 80, a través de su Instituto Libertad y Democracia, Hernando de Soto se ha enfocado en la problemática de los empresarios del sector informal y en la idea de que ellos han acumulado bastante riqueza, pero que esta constituye “capital muerto” y por tanto lo que les falta son títulos de propiedad apropiados para poder obtener créditos, convertir sus activos en capital y así multiplicar su riqueza. En sus escritos posteriores, de Soto ha desarrollado su visión de que los títulos de propiedad - como sistema de representación que permite codificar y transmitir información sobre los activos y de esta manera darles vida en el mundo del valor paralelo al mundo físico – son la clave en la producción del capital y el origen de la riqueza de occidente, al cual el tercer mundo debe imitar si es que quiere alcanzar un éxito similar. De Soto ha logrado combinar un interés por los logros materiales de los sectores populares con una propuesta que no cuestiona las reglas de juego del capitalismo sino que ofrece una solución dentro de ellas.

Sin duda, facilitar títulos de propiedad a una persona para validar y asegurar su posesión de un predio urbano o un pequeño negocio por el cual ha trabajado, para que así pueda acceder a crédito en los bancos y entrar en negocios con terceros, no está mal en si, y puede representar una mejora para muchos individuos. El problema de Hernando de Soto, como ha señalado Jorge Gascón en una crítica a El Misterio del Capital es que cree haber encontrado la piedra filosofal de los alquimistas: la falta o inestabilidad de los títulos de propiedad es la causa de la pobreza en el tercer mundo, y por tanto reparar esta deficiencia es la única solución, y es suficiente.

Otorgar títulos de propiedad y formalizar la economía informal puede ser beneficioso para muchos pequeños y medianos empresarios exitosos, pero, como señala Gascón, esta gente de éxito, si bien son muchos, siguen siendo una minoría entre la población de migrantes recientes en ciudades como Lima. La mayoría son o bien trabajadores empleados por estos empresarios de éxito, o personas con negocios tan pequeños que a las justas logran sobrevivir y no llegan a acumular grandes cantidades de capital muerto o vivo. Por tanto las políticas a favor de estas personas no podrían limitarse solamente a la titulación de la propiedad.

En términos más generales, el problema de Hernando de Soto es que abstrae ciertos elementos de la realidad que encajan con sus postulados y se enfoca sólo en ellos. De Soto comparte con Marx – a quien cita extensamente en El Misterio del Capital – la idea de que las mercancías tienen una naturaleza dual, compuesta en primer lugar de “valor de uso” (las propiedades físicas de una mercancía) y en segundo lugar de “valor” simplemente (el enjambre de relaciones sociales en las que la mercancía se inserta, y que cada vez más se expresan por medio del dinero), este último pudiendo separarse de la existencia física de la mercancía y adquiriendo vida propia. En el sistema capitalista, es como si el valor buscara reproducirse y aumentarse a si mismo, y en el proceso genera la mayor riqueza que se ha conocido en la historia de la humanidad. Pero de Soto se aparta de Marx cuando este último discierne no solamente el aspecto positivo de la producción de riqueza sino también los aspectos negativos de este proceso, en particular la acumulación primitiva (el despojo que es precondición de un proceso de acumulación), la explotación del trabajo (cuando en un proceso productivo el dueño recibe los frutos del trabajo del trabajador) y la concentración de capital (cuando la riqueza se acumula en pocas manos).

De Soto no ve estos aspectos o no les da importancia; para él basta con convertir o pretender convertir a todos en capitalistas y ya no habrá más problemas. No es necesario estar plenamente de acuerdo con las teorías de Marx sobre los 3 aspectos mencionados arriba para darse cuenta mínimamente que si hay capitalistas también tienen que haber trabajadores, que no a todos les va a ir bien en los negocios, y que la gente está empezando con activos tan desiguales que los problemas de la injusticia, el poder y la concentración de riqueza no desaparecen con la integración de toda la población al mercado formal. La formalización de la propiedad informal puede ayudar, pero no puede ser la única solución mientras se mantengan estos factores (y otros). Pero como de Soto no ve estos aspectos, puede proponer una especie de populismo capitalista – “los pobres son la solución, no el problema,” dice él – al mismo tiempo que promueve políticas macroeconómicas ortodoxas y neoliberales que lo hacen popular entre las élites. De Soto insiste solamente en el tema de los títulos de propiedad, con la emoción de un profeta, mientras que por detrás, sin que nos demos cuenta, abre la puerta para dejar entrar a todas las otras políticas que mantienen el orden establecido y la actual distribución de riqueza.

Esto queda claro en el video sobre la amazonía. De Soto se lanza con sus argumentos y teorías sobre las bondades de los títulos de propiedad individuales y como pueden impulsar a las comunidades amazónicas hacia la prosperidad y el desarrollo; esto es lo que presenta como su intervención en el debate generado por los recientes conflictos en la selva.


¡Como si el conflicto hubiera sido sobre como mejorar la vida de las comunidades amazónicas! No, el tema no surgió porque el estado peruano estaba buscando ayudar a los nativos; si eso era una motivación, como dice el gobierno en sus justificaciones, era una motivación muy secundaria e indirecta. El conflicto surgió porque las industrias extractivas, para bien o para mal, están penetrando cada vez más en las tierras de las comunidades amazónicas, y el gobierno a través de sus decretos busca facilitarles el acceso. El avance de las industrias extractivas, y su choque con los terrenos de las comunidades es uno de los principales temas aquí; piense uno lo que piense, es el tema en este conflicto, y por tanto para solucionar el conflicto habría que enfocarnos directamente sobre este tema. Pero de Soto no lo menciona para nada. Habla en términos generales sobre la integración al mercado, que ciertamente es lo que muchas comunidades quieren – ¿pero que tipo de mercado? A las empresas petroleras y mineras les conviene la propiedad individual porque así pueden comprar más fácilmente la tierra, a precios más bajos, y porque si desaparecen las comunidades nativas y campesinas se les ahorrará un gran dolor de cabeza, pues ya no habrá una población organizada que les pueda hacer bloqueos o exigir compensación por daños causados. Es este el mercado que les está esperando a las tierras comunales, no un mercado listo para brindarles crédito y grandes oportunidades empresariales.

En cierta manera, la serie de artículos El Perro del Hortelano de Alan García fue más honesta en su posición, pues glorificaba a la industria extractiva como el sector que podía dar valor a recursos que los campesinos estaban desperdiciando. De Soto se abstrae de esta problemática de las industrias extractivas – lo cual parece increíble, pues en general se ha convertido en uno de los principales temas de conflicto a nivel nacional - y habla como si todos estuviéramos juntos en una lucha desinteresada por ayudar de la mejor manera posible a los que él llama los “amigos amazónicos.”




De Soto habla de la propiedad como la solución, y critica a los que piensan que lo indígena y la propiedad son incompatibles. No se quien piensa así, pues las comunidades indígenas y nativas del Perú conocen muy bien la importancia de la propiedad, sin necesidad de que De Soto se los diga. Estas comunidades han luchado por sus tierras a lo largo de 500 años. Las comunidades andinas, por ejemplo, se esmeraron en preservar títulos coloniales que les daban esperanza en sus batallas legales con los hacendados. Pero debido a varios motivos históricos, estas propiedades han llegado al presente como propiedades comunales, no individuales, en el sentido que legalmente el dueño es la comunidad y no los individuos que la componen. De Soto ve esto como algo lamentable y como una propiedad que no es propiedad, pues para el la verdadera propiedad solo puede ser individual.

Para dar más credibilidad a su argumento, De Soto se inventa un oponente imaginario, romántico y desubicado, que cree que las comunidades indígenas son paraísos de colectivismo y solidaridad. Esta ya se ha vuelto una estrategia común en los esfuerzos por parte del actual gobierno por disolver las comunidades, y se encuentra bastante también entre los intelectuales en el Perú de hoy. A través de esta retórica se crea un estándar tan alto de perfección comunitaria que cuando una comunidad no logra alcanzarlo (sería imposible hacerlo), se declara a toda voz que como no es esa entidad solidaria y homogénea que pensábamos, la comunidad es un fracaso. La realidad es que si bien la comunidad no es y nunca fue – y no tiene porque serlo – esa entidad colectivista y solidaria, la comunidad si es algo. Es una forma social y legal que no existe en todos los países, y cuya predominancia en el Perú nos hace un caso inusual en el mundo de hoy. Pero como tanto el gobierno como muchos intelectuales siguen pensando que hay un debate - y hasta cierto punto crean un debate, estéril y mediocre – entre dos extremos, el romántico y el anti-comunitario, no se dedican a tratar de entender que es lo que realmente son las comunidades.

La zona andina, que conozco un poco mejor que la amazónica, también ha sido blanco de esta reciente ofensiva anti-comunitaria. Las comunidades andinas presentan una amplia gama de formas de funcionamiento y tenencia de la tierra, lo cual hace muy difícil la generalización, pero se pueden señalar algunos aspectos más o menos comunes. En las comunidades andinas por lo general existe un sistema dual de tenencia de la tierra: la comunidad es dueña de todas las tierras, que no pueden ser vendidas, pero dentro de esto cada familia hace usufructo de una cierta extensión de tierras, por separado. Estos terrenos familiares pueden estar cercados o no, pero los comuneros saben donde termina uno y empieza el otro. Estos derechos de usufructo se heredan de padres a hijos, pero si una familia abandona la comunidad permanentemente pierde los derechos, y sus terrenos pueden ser readjudicados por la directiva comunal a otra familia que los necesite. Además de estos terrenos familiares, en muchas comunidades existen también extensiones menores de terrenos comunes, generalmente para el pastoreo de animales; también pueden haber otros bienes comunales, como cooperativas, granjas, empresas comunales e incluso maquinarias de propiedad comunal que son alquiladas a empresas mineras o a municipios.

Dentro de estos lineamientos generales, las comunidades varían enormemente en el grado de desigualdad en la distribución y acumulación de terrenos usufructuados – hay procesos de desigualdad y acumulación dentro de muchas comunidades. También varían en cuanto al número de personas que participan regularmente en las faenas comunales, así como en el grado de efectividad y organización de la comunidad como entidad política y de defensa de los terrenos – funciones políticas que, como ha señalado el antropólogo Alejandro Diez,[1] son hoy en día más importantes que las funciones económicas de la institución comunal.

Dentro de las comunidades hay actualmente un debate entre sectores que quieren parcelar los terrenos comunales y adueñarse permanentemente de los terrenos sobre los que presentemente tienen derechos de usufructo, y sectores que quieren preservar la unidad comunal con el argumento de que las tierras son un patrimonio legado por sus padres y abuelos que no debe ir a extraños y que juntos pueden defender mejor que por separado. En las comunidades que yo he conocido, esta última posición tiende a expresarse más abiertamente mientras que la primera lo hace de manera más discreta.

Me he permitido esta ligera desviación hacia temas andinos porque es lo que conozco un poco más, porque las comunidades andinas son también objeto de la ofensiva anti-comunitaria del gobierno, y porque quería mostrar la diferencia entre el estéril debate entre románticos y liberales, que imaginan de Soto y periodistas como Jaime de Althaus, y la realidad más compleja de la institución comunal en el Perú de hoy. Yo pienso que si las comunidades quieren parcelar sus terrenos y abandonar la propiedad comunal como tal, no se les debe impedir. Pero otra cosa es si es que se quiere incentivar y acelerar este proceso, en contra de los deseos públicamente expresados de los organismos representativos de las comunidades, como son las federaciones campesinas y nativas, que uniformemente se oponen a la parcelación (pues no se trata de un solo dirigente “mal asesorado” como llama de Soto a Pizango).

Y más aún, hay que ver con que argumentos se hace, pues en el caso de de Soto parecería que sus prestigiosas y populares teorías están siendo utilizadas para justificar un proceso que debe ser examinado tanto en sus lados prometedores como en las amenazas que implica. ¿Que va a hacer una familia campesina o nativa con una parcela de 2 o 3 hectáreas, una vez perdido el acceso a pastos o bosques comunes y la posibilidad de utilizar la institución comunal como un medio de organización política y de acceso a recursos colectivos como son las empresas y cooperativas comunales (estas últimas siendo modalidades que curiosamente el actual gobierno no parece interesado en alentar)? ¿Esa familia va a poder realmente utilizar esas 2 o 3 hectáreas para conseguir crédito en los bancos o para asociarse de manera equitativa con grandes capitales agrarios?

Esas son preguntas abiertas que de Soto tendría que responder. Si logra responderlas satisfactoriamente, en buena hora. Pero que no se utilicen los argumentos del liberalismo económico como excusa para permitir el despojo generalizado de tierras – como ya sucedió en la sierra en el siglo XIX, cuando la institución comunal no tenía existencia legal. La institución comunal actual puede tener muchos defectos, pero debe ser reformada hacia algo mejor, no peor. En todo caso, la naturaleza de los suelos andinos y amazónicos, y la baja productividad de su agricultura actualmente, parecería indicar que lo que se necesita es una mayor asociación, no mayor fragmentación.

Así como construye el oponente imaginario que idealiza a las comunidades, en su video de Soto también construye una visión idealizada de los pueblos indígenas de Norteamérica, en particular de Canadá. Lleva a algunos representantes de las más exitosas de esas “primeras naciones,” como se les llama en ese país, a la selva peruana para decirles a los pueblos amazónicos que los indígenas si pueden formar empresas exitosas y ganar millones de dólares. El video es bastante vago sobre como han logrado esto. De Soto dice solamente:

"En su caso, lo que han hecho las tribus, es que se han unido, para delimitar propiedad desde ellos y crear corporaciones, es decir empresas, que están pobladas de esquimales como son ellos, pero que solamente tienen un enfoque económico. Y frente a eso, entonces han dicho, nosotros queremos nuestra parte del petróleo. Y queremos utilizar nuestros beneficios para formar a nuestra gente, para que nuestra gente también se eduque en petroleo, se eduque en minas, se eduque en madera. Y para tener ahorro suficientes para no solamente quedarse en la micro empresa, sino meterse a la gran empresa. Y eso les ha permitido, con poder económico, proteger sus tierras. Entonces si alguien viene de afuera, ellos son los primeros en pedir “no, yo lo compro antes que lo compre alguien”... . Ustedes están al lado del petróleo, el oro, la madera, la palma de aceite. Es justo y lógico que también tengan la posibilidad de integrarse a su entorno productivo. Pero como lograrlo? Bueno, sin propiedad, no podrán hacerlo. Porque no hay capital sin propiedad. Allí reside el misterio del capital. "

De Soto parece estar afirmando que las comunidades canadienses han parcelado sus tierras, conseguido títulos de propiedad individuales por separado, y han utilizado estos títulos para insertarse en el mercado capitalista, conseguir crédito y poner empresas (¿son empresas comunales, como las que varias comunidades en el Perú han formado sin necesidad de parcelar sus tierras? ¿o empresas de propiedad individual? De Soto no es claro sobre este punto). Pero aquí parecería haber varios pasos aparte de los derechos de propiedad individuales, que es el único factor que de Soto enfoca. Las parcelas obtenidas de la división de tierras de estas comunidades tienen que haber sido suficientes como para utilizar como garantía en el banco y poder obtener crédito. Más aún, han tenido que nuevamente asociarse para crear empresas y hacer que estas sean exitosas (¿funcionan estas empresas equitativamente? ¿o son la propiedad personal de los 2 o 3 individuos que acompañan a de Soto a la amazonía peruana? Si es lo primero, genial, ¿pero como se llega a ese resultado?).

De Soto no explica estos aspectos ni como se podría conseguir que se den también en el caso peruano. Habla de los derechos de propiedad como único factor, ignorando el hecho que en Norteamérica, por lo menos en EE.UU., así como hay tribus exitosas, hay muchas tribus que viven en situación de pobreza, algunas de ellas muy pobres. Esto a pesar de que viven dentro del mismo sistema de propiedad que los amigos de de Soto – y en realidad, la parcelación de sus tierras fue promovida por el gobierno estadounidense hace muchas, muchas décadas. Muchas de estas tribus perdieron gran parte de sus tierras como parte del triunfo militar del colonialismo estadounidense, y fueron relegadas a los terrenos más inhóspitos e infértiles, con poca oportunidad de volver a cultivar o cazar extensamente, y al mismo tiempo con pocas oportunidades de empleo en el sector formal, en el cual eran con frecuencia discriminados y el cual exigía calificaciones y capacidades a las cuales ellos no tenían acceso. Sin tratar de pintar una imagen demasiado pesimista, cabe mencionar que los pueblos indígenas norteamericanos son hoy en día el grupo étnico que sufre la mayor pobreza en EE.UU, más que los blancos, latinos, afro-americanos o descendientes de inmigrantes asiáticos. Y sospecho que algo similar sucede en Canadá. Todo esto dentro de un sistema de propiedad que de Soto presenta como el modelo a imitar. Claramente, hay otros factores aparte de la propiedad individual que pueden facilitar o limitar la mejora económica de los pueblos.

Pero hay también un factor muy importante que – como ya ha señalado Guillermo Salas en un post sobre este asunto - de Soto no menciona para nada pero que es una diferencia fundamental entre el contexto en el que operan las tribus canadienses y los pueblos indígenas peruanos. En los sistemas de propiedad anglosajones como el de Canadá, el que es dueño de la superficie es también dueño del subsuelo. Si uno encuentra petróleo en su tierra, automáticamente es dueño de este petróleo. Esto les da a las tribus del Canadá una posibilidad mucho mayor de asociarse con las industrias extractivas para explotar los recursos en sus territorios, pues estos recursos desde un inicio les pertenecen a ellos.

En América Latina el sistema es distinto: el subsuelo siempre pertenece al Estado, no al que es dueño de la superficie. Es por eso que el Estado otorga las concesiones de explotación minera y petrolera, y al dueño de la superficie – con frecuencia comunidades campesinas y nativas – legalmente le corresponde sólo un pago por servidumbre por la superficie (si bien es cierto que, gracias en gran parte a la organización comunal, las comunidades han logrado en los últimos años forzar a las empresas extractivas a otorgarles mayores pagos y beneficios).

Las comunidades nativas, o las familias individuales cuando los terrenos se parcelan, no son dueñas del petróleo o los minerales que se encuentran bajo su territorio. Por tanto, ¿que incentivo pueden tener las industrias extractivas para asociarse con los pobladores como socios y compartir las ganancias? Los incentivos tendrían que venir de la organización política en las comunidades (incluyendo, quieran o no, las protestas) y la presión de la sociedad civil – cosas que las propuestas de de Soto harían más difíciles en lugar de facilitarlas. Se está empezando en una situación mucho más desventajosa para las comunidades, debido a la diferencia en el sistema de propiedad del subsuelo.

Lo irónico es que al negarse a mencionar o discutir esta diferencia, de Soto podría parecer estar aceptando que los pueblos indígenas tienen también derecho al subsuelo. ¿Es realmente esto lo que piensa? Cuando las organizaciones indígenas y campesinas han propuesto que ellos deben tener derecho al subsuelo de sus territorios, han sido tildados por los amigos de de Soto y García como ultrarradicales o hasta opuestos a los intereses del país. Durante las protestas en junio los defensores ideológicos del gobierno no se cansaban de recitar la frase “los recursos naturales son de TODOS los peruanos, no solo de los indígenas.” Al decir este tipo de cosas Alan García y sus amigos (el director de un conocido diario llamó a las comunidades amazónicas “los más grandes gamonales”) sonaban casi como socialistas, afirmando un derecho colectivo sobre un patrimonio nacional.

Pero es que en realidad lo que querían decir era, “son de todos los peruanos para que su gobierno los entregue a las transnacionales.” Nuevamente se ve que el mayor defecto del liberalismo económico no es tanto el error como la inconsistencia: se utilizan argumentos colectivistas cuando conviene y argumentos de propiedad privada también cuando conviene (de la misma manera que se busca el capitalismo y la responsabilidad individual en épocas de bonanza, pero el socialismo y la intervención gubernamental para los grandes empresarios y los bancos en épocas de crisis. También se afirma el derecho de propiedad individual del capitalista sobre las ganancias obtenidas por su capital, pero no el derecho de propiedad individual del trabajador sobre el objeto de su propio trabajo. Estas contradicciones podrían talvez ser reconocidas y afirmadas como parte de un análisis complejo de la sociedad, pero los liberales simplemente las practican inconscientemente como parte de su defensa ideológica de la desigualdad).




En su video De Soto afirma: “La única manera que los pueblos indígenas tienen para mantener su cultura y su tierra en el siglo XXI es con poder económico.” Estoy totalmente de acuerdo. Hubo una época en que era la izquierda la que se preocupaba por el tema del poder económico. Pero con el desprestigio y colapso de los modelos socialistas “realmente existentes,” y en general de las alternativas concretas a la economía de mercado, la izquierda se retiró en cierta medida de los temas económicos y de economía política, cambiando a un lenguaje más de derechos (humanos, civiles, sociales) y de resistencia a las facetas más extremas del neoliberalismo. Estos temas son importantes, de hecho, pero hay que volver a retomar el tema del poder económico – su distribución y los mecanismos de su generación y reproducción.

Si de Soto está sugiriendo que el poder económico debe estar distribuido más o menos equitativamente entre los pueblos amazónicos y las empresas extractivas transnacionales, o que por lo menos se debe de trabajar hacia este fin en el mediano plazo - estoy de acuerdo. Pero más parece ser que quiere poder económico en general (para quien) sin interesarle su distribución. Más adelante de Soto añade: “...Y solo hay poder económico con empresa y propiedad.” Esto es bastante más debatible: ¿llevan siempre los regimenes de propiedad privada individual a la posibilidad de formar empresas exitosas, y al poder económico?

La experiencia histórica del Perú, y de muchas de las comunidades indígenas de Norteamérica, indicarían que de por si la generalización de la propiedad privada por toda la sociedad no lleva necesariamente al poder económico. Hay demasiados otros factores que intervienen. Se deben formular propuestas para la Amazonía que vean el tema de la propiedad pero que también estén dirigidos a estos otros aspectos – como son la desigualdad en el poder político y económico; lo que tiende a suceder cuando una gran transnacional se enfrenta con una multitud de pequeños parcelarios; la precariedad de la “solución empresarial” a la pobreza que propone de Soto, que obtiene logros vistosos e importantes pero solo para una minoría de la población; y la afirmación por parte de los pueblos nativos de derechos no solo económicos sino también culturales y ancestrales (me dirán romántico, pero eso es también un factor real). El problema para de Soto es que muchos de estos aspectos son cosas que incomodan a los sectores de poder a nivel nacional e internacional, que son los que más lo aplauden y que más pendientes están de cada palabra del guru.

[1] Castillo, Pedro; Diez, Alejandro; Burneo, Zulema; Urrutia, Jaime, et al. ¿Qué sabemos de las comunidades campesinas? Lima: Centro Peruano de Estudios Sociales, Allpa Comunidades y Desarrollo, Agosto 2007.
Fotografías:

29 sept 2009

La era de la estupidez

Mañana miércoles se estrena en Lima la película La Era de la Estupidez (The Age of Stupid). Se trata de un film independiente que combina la acción dramática con el documental para alertar sobre los peligros del cambio climático antes que sea demasiado tarde, si es que no lo es ya. Aquí va la nota de prensa:

Estreno mundial de la película The Age of Stupid
(La era de la estupidez)


¿Eres estúpido? Directa y sin rodeos. Así es la película del nuevo gurú de la lucha contra el cambio climático, que expone sin contemplaciones las barbaridades contra el planeta en “La era de la estupidez”.

El día 30 de septiembre, a una semana de la celebración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, que trató sobre el cambio climático, se estrenará en el Perú la película The Age of Stupid (La era de la estupidez), que busca sensibilizar a la población en general del grave problema del cambio climático,

Lima es una de las ciudades que apreciará esta película, estrenada en simultáneo el 22 de setiembre en más de 100 salas de cine en 40 países de Europa, Asia, Medio-Oriente y África. Todos proyectaron simultáneamente la película en directo, intentando así batir el récord Guiness.

Financiada sólo con donaciones para evitar la especulación con el proyecto, la película ha sido escrita y realizada por Franny Armstrong (McLibel, Drowned Out) y producida por John Baltsek (nominado a los Oscar por Un día de septiembre). En ella el nominado a los Oscar, Pete Postlethwaite (En el nombre del padre, Sospechosos comunes), representa a un hombre solitario que vive en el año 2055 en un mundo devastado por el cambio climático. Al ver reportajes del daño causado cuarenta años atrás se pregunta: ¿por qué no hicimos algo para evitarlo?

En el Perú, el estreno de la película se hará el 30 de septiembre a las 20:00h, en Cine Planet Alcázar, Primavera y San Miguel.

Agradecemos su difusión

Articulos referente a la pelicula:

- ''La era de la estupidez'': la Tierra devastada en el 2055"
http://noticias.123.cl/entel123/html/Tele13/Noticias/Internacional/387101.html

- El mundo entero será testigo de “La era de la estupidez”
http://www.lanacion.com.py/noticias-268939.htm

- Avances de la pelicula:
http://www.youtube.com/watch?v=iNDtkvAdHOw

28 sept 2009

Solidaridad con Salomón Lerner Febres

Reproduzco este mensaje referente a las recientes amenazas contra Salomón Lerner Febres, quien fue presidente de la Comisión de la Verdad. Como se sabe, este mes sus perros fueron envenenados y el recibió una llamada telefónica amenazando con hacerle lo mismo que le habían hecho a los perros. No se sabe quien ha sido, puede haber sido tanto el gobierno actual o los seguidores de Keiko Fujimori, como los remanentes senderistas. El gobierno de Álan García, y sus ayayeros como el diario Correo, critican constantemente a la Comisión de la Verdad por supuestamente defender a los senderistas. Curiosamente, los que quedan de estos últimos utilizan el lenguaje de "excesos" para justificar sus crímenes, de la misma manera que lo hace la derecha.

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Solidaridad con Salomón Lerner Febres

Conocedores del enorme valor del trabajo que llevó a cabo la Comisión de la Verdad y Reconciliación bajo su Presidencia, los abajo firmantes nos solidarizamos con Salomón Lerner Febres y exhortamos a las autoridades que se investigue el origen de la campaña de amedrentamiento que se está realizando en las últimas semanas contra su persona a través de llamadas telefónicas que amenazan su vida.

Salomón Lerrner Febres tiene una reconocida trayectoria en el campo de las humanidades y los derechos humanos. Actualmente es vicepresidente de la Comisión de Alto Nivel para la creación de un Museo de la Memoria en el Perú, que preside el reconocido escritor Mario Vargas Llosa.

Solicitamos que las autoridades peruanas tomen todas las medidas del caso para que se proporcione la seguridad debida a él y a su familia, y se identifique y sancione a los autores de las amenazas que está recibiendo.

Remitir por favor su adhesión (nombre y DNI) a ccastillo@pucp.edu.pe

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27 sept 2009

Los conflictos por los recursos en Ecuador y Perú



El gobierno ecuatoriano de Rafael Correa está enfrentando protestas por parte tanto del sindicato de maestros como de la mayor confederación indígena ecuatoriana, la CONAIE. Los maestros se oponen a nuevas medidas de evaluación en el sistema educativo, y la CONAIE protesta contra una nueva Ley de Aguas y contra los esfuerzos del gobierno por impulsar la explotación minera. Todos temas que han sido materia de gran controversia en el Perú, en particular los últimos dos. Irónico que Correa, que tiene un discurso populista y forma parte de la nueva ola de mandatarios izquierdistas en América Latina, se enfrente a problemas similares a los de Alan García, que tiene (en su segundo gobierno) un discurso antipopular y que junto con Álvaro Uribe de Colombia lidera la derecha sudamericana.

Sin duda hay diferencias entre los dos casos. Correa a diferencia de García tiene un discurso antiprivatizador en general, e insiste que la nueva ley de aguas no constituye un intento privatizador. Correa ha sido muy crítico de las empresas mineras transnacionales, pero si ve a la minería como necesaria para el desarrollo del país, por lo cual ya ha sido criticado por algún tiempo por las organizaciones indígenas, que en Ecuador son mucho más fuertes que en el Perú. Estas últimas apoyaron su gobierno en un inicio, e incluso ahora su relación con el gobierno es menos distante y conflictiva que la que tienen las organizaciones amazónicas y andinas con el gobierno de García en el Perú. Pero es claro que se ha producido un distanciamiento, y que la visión que propone la "Revolución Ciudadana" de Correa dista en muchos aspectos de lo que CONAIE y sus organizaciones proponen.

Esto hace pensar en dos cosas. Es una muestra más que el actual ciclo expansivo de las industrias extractivas está entrando cada vez más en conflicto con los dueños de las tierras debajo de las cuales se encuentran los yacimientos mineros o petrolíferos. Esta tendencia conflictiva sin duda continuará por lo menos por un tiempo, si no mucho más. Y al parecer es una contradicción que no solamente afecta a gobiernos de derecha o neoliberales, sino también a los que se identifican públicamente con la izquierda y el "socialismo del siglo XXI." El tema del agua, recurso básico para la vida que las organizaciones indígenas ven amenazado por la privatización y por su conversión en una mercancía, es parte de este conflicto. Por otro lado, cabe notar que en países con gobiernos muy disímiles hay intentos paralelos por reformular los marcos legales que afectan tanto a recursos naturales como el agua como a otros ámbitos como la educación. Puede ser que estas reformas sean muy distintas en Perú y Ecuador, pero aún así, tienen una similitud por lo menos superficial, que sin duda comparten con otros países. ¿De donde vienen estas pautas e instrucciones para los distintos gobiernos? Estoy pensando no solamente en estas últimas leyes como las leyes del agua, sino también en muchas de las reformas legales e institucionales de los últimos años. Parecería haber mucha homogeneidad y cruce de fronteras en como estos proyectos de leyes son formulados por "expertos" y aplicados en los distintos países. Sin duda el Fondo Monetario Internacional y el Banco Muncial son fuentes importantes de estas normas y proyectos de ley, pero habría que identificar cuales son las otras.

Aquí van algunos links de noticias sobre las protestas en el Ecuador:

http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5gvYZvECCfGtWrgcSF5wJ2_EQBrRg

http://www.lahora.com.ec/frontEnd/main.php?idSeccion=937317

Página de ECUARUNARI, una de las principales organizaciones que integran CONAIE:

http://ecuarunari.org/portal/

Imágenes obtenidas de: http://www.radiosantafe.com/ y http://ecuarunari.org/portal/