29 jun. 2009

Solidaridad con Honduras

El golpe de estado ocurrido ayer en Honduras debe ser condenado por todos y sin ambigüedades.

Ayer por la madrugada los militares hondureños secuestraron al presidente de ese país, José Manuel Zelaya, irrumpiendo con ráfagas de metralleta en su vivienda; lo pusieron en un avión y lo enviaron a Costa Rica. Posteriormente el ejército cerró los medios de comunicación críticos al golpe e inauguraron como nuevo mandatario al presidente del Congreso, Micheletti, presentando una supuesta renuncia (falsificada) de Zelaya. Ahora quieren presentar lo que ha sucedido no como un golpe sino como un proceso de sucesión de acuerdo a las leyes, algo que nadie en la comunidad internacional, ni la OEA ni Estados Unidos, cree.

¿De que lo acusan los golpistas y sus aliados al presidente Zelaya? De que estaba intentando hacer un referéndum nacional para consultar a la población si en las elecciones generales de Noviembre se podría incluir un referéndum sobre el nombramiento de una Asamblea Constituyente para diseñar una nueva constitución para el país. O sea no se estaba imponiendo nada, ni siquiera era un referéndum sobre una nueva constitución, era un referéndum sobre un referéndum. De acuerdo a los golpistas, y a medios de prensa que los apoyan en espíritu aunque no necesariamente en la forma como han tomado el poder (en este grupo estaría por ejemplo nuestro Aldo Mariátegui), lo que Zelaya realmente quería era incluir en la nueva constitución la posibilidad de hacerse reelegir después que su mandato concluyera el próxima año. No importa que Zelaya haya dicho que no piensa buscar la reelección, o que en todo caso para eso está un referéndum, para que el pueblo decida. Si no les gustaba la idea de una asamblea constituyente, los golpistas debieron hacer convencido a la gente para votar en contra. A mi personalmente no me gusta la reelección presidencial, ya sea de Alan García o de Manuel Zelaya, pues sería mejor que los líderes políticos busquen cultivar movimientos de largo plazo y no personalismos. Pero esto de la reelección es una pobre (y poco creíble) excusa para lo que realmente ha sucedido: la derecha hondureña no ha estado contenta con el acercamiento de Zelaya a la izquierda, y ha querido interrumpir este proceso violentamente, a la antigua, a la manera en que se hacía en Centroamérica en la época que los empresarios bananeros, los finqueros y los militares norteamericanos hacían lo que querían en esa región.

Un artículo de la página web de Radio Programas esta mañana trataba de hacer creer que la población hondureña era indiferente al golpe, que solo “unos cuantos cientos” habían asistido a manifestar contra el golpe. Aparte de que los métodos de los periodistas siempre son dudosos (pueden decir casi lo que les da la gana), parece que la prensa peruana, si bien en temas estrictamente nacionales es un poco más heterogénea y variada, no se cansa de tratar de lavarle la cabeza a la población cuando se trata de temas latinoamericanos. Los medios y el gobierno quieren que denigrar y despreciar a todo país y gobierno que tenga algún acercamiento con Hugo Chávez se convierta en un deporte nacional. Y lamentablemente si han logrado que un segmento considerable de la población se crea que Chávez es un dictador (no un presidente elegido, que es lo que es) que se está apoderando del continente, que todo gobierno que en aras de la unidad latinoamericana busque acercarse a Venezuela es automáticamente un títere de Chávez. Y a esto se suma el odio a Evo Morales y Bolivia, país que supuestamente nos ha “traicionado” como nos “traicionó” en la guerra del Pacífico, otra de las muchas tonterías que nos enseñan en los textos de historia y en los colegios. Dejémonos ya de patrioterismos absurdos entre países hermanos, desde cualquier otro rincón del mundo debe dar risa vernos pelear entre nosotros. Que Chávez habla demasiado y habla sobre lo que no debe y que debería estar haciendo reformas más profundas y menos personalistas en su país, y no tratar de hacerse reelegir, es otro tema. Pero dejémonos de tonterías, como decir que Chávez es un dictador o que Evo, Correa y Zelaya son sus títeres o que problemas diplomáticos o de fronteras que el Perú tiene con algunos de estos países tienen más importancia que los problemas reales de América Latina, como la desigualdad, la discriminación, la corrupción, el autoritarismo cotidiano y político, etc.

Volviendo al tema de Honduras, debe servir para reflexionar y darnos cuenta que a pesar de lo que nos dice el gobierno peruano y sus intelectuales y los medios de prensa, no es la izquierda o el “chavismo” la mayor amenaza para la democracia en la región. La derecha recalcitrante al parecer sigue dispuesta a recurrir al golpe de estado cuando le faltan otros medios. Ojalá la presión internacional termine por desprestigiar rápidamente a los golpistas hondureños y estos se vean obligados a ceder el poder al gobierno legítimamente elegido.

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