28 mar. 2009

La Huaconada de Mito





La Huaconada de Mito es una fiesta que toma lugar todos los años el 1, 2 y 3 de Enero, en el pueblo de Mito que está ubicado en el Valle del Mantaro, Provincia de Concepción, Departamento de Junín. Aunque la Huaconada se celebra también en otras localidades de la zona como la ciudad de Concepción, la de Mito es la más conocida de la región, y forma parte importante de la riqueza cultural del Perú.

La Huaconada es la danza de los Huacones, una especie de jueces antiguos que regresan a Mito una vez al año. Con sus látigos, sus máscaras y sus narices y movimientos que se asimilan a los del cóndor, evocan una justicia mítica y severa. Algo que se menciona con frecuencia en la tradición oral es que en una época (hasta hace unos 70 años según muchos relatos) los Huacones realmente se convertían en la única autoridad y juez durante sus 3 días, castigando con sus látigos a los adúlteros, a los ladrones, a los que no tuvieran la casa limpia, etc. Salían de una quebrada conocida como el Ayán, a espaldas del pueblo de Mito.






Los hombres de Mito que cumplen el rol de Huacones ya no castigan a las personas, pero aún se dice que durante la Huaconada “sólo rige la ley del Huacón.” En una ceremonia, el alcalde distrital formalmente abdica su autoridad por esos 3 días y se la entrega a los Huacones.

Durante la Huaconada, los Huacones danzan en procesión por las calles de Mito, al compás de una banda de músicos que repite la misma secuencia de tres melodías una y otra vez. Esta tonada no aburre, más bien tiende a hipnotizar. Los Huacones se dividen en “Huacones Viejos” y “Huacones Modernos;” estos últimos son la mayor parte. Los Huacones Viejos se visten más a la manera de los Huacones originales, sus máscaras muestran los rasgos de una persona anciana y arrastran los pies en un movimiento particular. Los Huacones Modernos utilizan frazadas de tigre (una innovación que también se dice data de los años 30) y máscaras con rasgos más solemnes; sus movimientos connotan autoridad y dignidad. Los Huacones emiten rugidos y hacen llamados estandarizados en quechua a individuos (hombres) entre la multitud; cuando uno es llamado así, debe acercarse y abrazar al Huacón, llamándolo alcalde, después de lo cual uno recibe un ligero latigazo.


Huacón Viejo







Huacón Moderno



Existen referencias escritas sobre la Huaconada desde fines del siglo XVI; los Huacones son mencionados en el diccionario Quechua de González Holguín de 1608. La danza parece haberse extendido por un territorio mucho más grande, posiblemente hasta el Collao. Los españoles no veían con buenos ojos a la danza, asociada al dios cóndor y a Huiracocha, y en muchos casos trataron de eliminarla. Hasta ahora, la Huaconada de Mito no muestra ningún elemento religioso católico, al menos no de manera explícita; no hay ni virgen ni santo (Mito celebra su fiesta patronal por separado, en el mes de mayo).

Mito es un pueblo con una historia de interacción y choque cultural. Originalmente formaba parte de los señoríos huancas; al llegar los españoles, estos se asentaron en el pueblo de Mito, cercano a sus centros de operaciones en Jauja y Lima. Mito no era una comunidad indígena sino un pueblo de indios y blancos, con una élite española y mestiza. Hasta ahora los miteños hacen referencia a los españoles y sus descendientes que habitaban el pueblo. Al hablar con los miteños durante la celebración, hay una sensación ambigua: ¿es la autoridad de los Huacones una evocación del poder de los antiguos hacendados, o representa a una forma de resistencia andina y no-católica contra el poder de los colonizadores? ¿O una mezcla de los dos? ¿O es algo totalmente distinto? En el Perú, las danzas y festividades tradicionales son eventos que no son ajenos a las relaciones de poder y las jerarquías de la sociedad; habría que ver como una celebración como la Huaconada reproduce, resiste o comenta sobre estas relaciones sociales.






Hoy en día, la mayor parte de los miteños viven fuera de Mito, y el pueblo está mayormente vacío excepto durante la Huaconada y las otras fiestas. Los huacones y sus familias regresan para la fiesta no solo desde Huancayo y Lima, sino también desde sus lugares de trabajo en Argentina, Suecia, Italia y otros países en el extranjero.

En esta reseña me he basado en mi propia visita a Mito, junto con Elizabeth Lino Cornejo (ver su artículo sobre el mismo tema), durante la Huaconada de este año. Para los que quisieran saber más sobre esta tradición – su historia, estructura y significados – recomiendo consultar el riguroso estudio de Simeón Orellana Valeriano, La Danza de los Sacerdotes del Dios Kon: La Huaconada de Mito, publicado el 2004 por el Fondo Editorial de San Marcos. También están los trabajos musicológicos y etnográficos de Raúl Romero, entre ellos Identidades Múltiples: Memoria, Identidad y Cultura Popular en el Valle del Mantaro, publicado por el Fondo Editorial del Congreso.





(todas las fotos en esta entrada son del autor)

Pierre Clastres y La Sociedad contra el Estado



Siguiendo la sugerencia de un amigo, hace poco aproveché un largo viaje en bus para leer algunos ensayos de Pierre Clastres, de su libro La Sociedad contra el Estado. Hasta su muerte en un accidente automovilístico en 1977, Clastres era un conocido antropólogo francés, que realizó trabajo de campo principalmente entre los Guayakís, un pueblo de habla Tupi-Guaraní del este de Paraguay, y entre los Yanomami de Venezuela.

La Sociedad contra el Estado trata sobre el poder político, los estados o su ausencia, y se basa en su trabajo de campo en Paraguay así como en sus disquisiciones teóricas. Solo llegué a leer 3 de los ensayos, “Copérnico entre los Salvajes”, “Elementos de una Demografía Amerindia” y “La Sociedad contra el Estado,” por tanto mis comentarios se limitan a estos.

El enfoque de Clastres es sobre el funcionamiento, la organización y la constitución del poder político en sociedades sin Estado, como los Guayakís (que alguna vez formaron parte del enorme conglomerado Tupi-Guaraní en Paraguay y la costa del Brasil). Su principal propósito era revalorar estas sociedades como entidades plenamente funcionales, cuya falta de estado no era un “fracaso” de llegar a un nivel de civilización superior sino más bien una muestra de su éxito en evitar el surgimiento del poder tiránico y explotador. A la vez, utiliza estas sociedades para reflexionar sobre la naturaleza del poder político en sociedades que si tienen estado (como, por ejemplo, las sociedades andinas pre-colombinas). Naturalmente, Clastres ha sido influyente entre pensadores anarquistas, para quienes sus ideas son una muestra de que el estado tal como lo conocemos no es necesario para la organización colectiva de la vida social.

Dados estos motivos, hoy resulta extraño y chocante su uso constante de términos como “primitivo,” “salvaje,” y a veces “sociedades sin historia” para referirse a pueblos hacia quienes el tenía una actitud por lo menos en parte respetuosa y de valoración. Lo mismo se puede decir de Claude Levi-Strauss en libros como El Pensamiento Salvaje. Sin duda, en Clastres a veces se ve cierta ambigüedad en el uso de ciertos términos, como cuando habla de “la historia de los pueblos sin historia”: “La historia de los pueblos que tienen una Historia es la historia de la lucha de clases. La historia de los pueblos sin Historia es, diremos con la misma verdad, la historia de su lucha contra el Estado.” Hoy en día ya no se utilizan términos como “gente sin historia” en la antropología, menos “primitivo” o “salvaje” (al menos así espero).

Clastres critica a las teorías que presentan una visión lineal del desarrollo de las sociedades, en las cuales todos los pueblos tenían que atravesar por una serie de niveles, jerárquicamente organizados, desde los más simples hasta los más complejos y “civilizados” (culminando, por supuesto, en las sociedades de donde provenían los que formulaban estas teorías). Esta visión era común entre antropólogos y otros científicos sociales (incluyendo, notoriamente, a Frederick Engels en El Origen de la Familia), y ciertamente sigue siendo común en buena parte del discurso público.

Estas categorizaciones invariablemente asigna(ba)n a los pueblos dedicados a la caza y la recolección al nivel más bajo del desarrollo humano, y, enfatiza Clastres, los mostraban como pueblos fracasados que libraban una lucha constante contra la naturaleza para conseguir los elementos más básicos de su subsistencia.

Clastres, junto con el antropólogo estadounidense Marshall Sahlins, fue uno de los que demostró en los años 60 y 70 que la gran mayoría de las sociedades de cazadores-recolectores (y de personas dedicadas a esta actividad más la agricultura extensiva, cómo eran la mayor parte de los Tupi-Guaraní) habían manejado sus recursos de manera exitosa, disponiendo de más que suficiente comida y produciendo un ligero excedente más allá de lo que necesitaban para su supervivencia. Lo que es más, conseguían estos alimentos a cambio de un número de horas de trabajo mucho menor que la de los campesinos, obreros e incluso muchos profesionales de las así llamadas sociedades “civilizadas” (a los que están acostumbrados a los actuales regímenes laborales en el Perú actual no les sorprenderá eso). Las personas en estas sociedades sin estado trabajaban un promedio de unas 3, 4 o a lo más 5 horas al día, y así tenían tiempo suficiente para otras actividades como las festividades comunales, la preservación de la tradición oral, etc.

Esto llevó a Sahlins (a quien Clastres cita como evidencia) a llamar a este modelo de sociedad “La Sociedad Afluente Original,” utilizando el título del famoso libro del economista J.K. Galbraith sobre la sociedad norteamericana de los años 50, “La Sociedad Afluente.” En las “sociedades afluentes originales,” no se disponía de muchos bienes materiales, pero si de mucho tiempo para la realización del ser humano en la comunidad y en la naturaleza. La población se mantenía pequeña (lo cual era esencial para mantener este tipo de sociedad) a través de métodos anticonceptivos tradicionales que se aplicaban sistemáticamente.

Ciertamente, estas sociedades sufrían de enfermedades muy serias que reducían su esperanza de vida (aunque no tanto cómo las enfermedades que sufrían cuando entraban en contacto con grupos de colonizadores), pero por lo menos estaban muy bien alimentados y no sufrían explotación de un sector de la comunidad por otro, cómo si sucedía en sociedades que habían pasado a la agricultura intensiva (ya no extensiva); la evidencia arqueológica muestra que la alimentación y salud de poblaciones campesinas (que ya vivían dentro de estados y eran explotados por una clase dominante) era con frecuencia inferior a la de pueblos que aún se dedicaban a la caza y la recolección además de agricultura a pequeña escala.

El modelo de la “sociedad afluente original” de Sahlins en realidad se había dado más en las épocas en que estas sociedades ocupaban vastos espacios y no tenían que competir con sociedades organizadas en estados; una vez que estas últimas empezaron a dominar y a expandirse, con sus grandes poblaciones, la calidad de vida de los cazadores y recolectores que quedaban comenzó a reducirse. En la época en que Clastres hizo su trabajo de campo, este modelo se mantenía sólo en grupos muy aislados, pero sospecho que en realidad ya no sobrevivía plenamente en ellos tampoco; uno de los problemas del libro es que, como era común en la antropología hasta hace poco, utiliza el tiempo presente cuando debería utilizar el pasado.

Habiendo discutido sus teorías y las de Sahlins sobre este tema, Clastres afirma que las sociedades sin estado no eran carentes de poder; el poder es inherente a todo tipo de sociedad humana. Lo que no hay en las sociedades sin estado es el poder tiránico a través del cual algunos individuos pueden obligar a otros seres humanos a actuar contra su voluntad.

Aunque en los ensayos mencionados no define claramente su noción de poder (a diferencia de su contemporáneo Michel Foucault, para quien la noción del poder estuvo al centro de su pensamiento), es evidente que Clastres manejaba una noción compleja del poder, que podía existir en distintas formas en distintas sociedades. Por comparación, su noción del estado es más simplista: el estado aparece en estos ensayos casi únicamente como una fuente de coerción e imposición. Claro está que el está escribiendo en el contexto de una discusión de la confrontación estado-individuo o estado-comunidad autogestionada, no en el contexto de la relación o confrontación estado-mercado que es un tema de discusión más común el día de hoy. El mercado casi no aparece en estos ensayos. Como trata de la cuestión de la aparición de los primeros estados (ver más abajo), este libro está interesado en el surgimiento de un ente explotadora y dominante (por ejemplo el control de un estado sacerdotal sobre siervos o esclavos para construir templos y pirámides); caso aparte es la cuestión de si uno considera que los estados modernos necesariamente tienen que mostrar estas características (ciertamente, lo hacen con frecuencia, pero hay que tener cuidado de no caer en un libertarianismo de derecha que ataca el poder del estado pero no el mismo poder cuando es manejado por el sector privado).

Para Clastres, la falta de estado en las sociedades sin estado (las que el llama “primitivas”) no se debía a que no pudieran o no fueran capaces de tenerlo, sino que no querían, y eran exitosas en evitar que un sector de la población se pusiera por encima de los demás y los tratara de dominar y explotar. Por supuesto, estas sociedades tenían jefes, pero de acuerdo a Clastres estos jefes no son un proto-estado, sino que son un tipo completamente distinto de autoridad. Los jefes de sociedades tribales no tenían el poder de obligar a los demás a actuar en contra de su voluntad; todo lo contrario, cuando trataban de hacer eso, su pueblo dejaba de seguirlos y los abandonaba. El poder de estos jefes venía de su prestigio (muchas veces ganado en la guerra, pero no únicamente en ella) y del ejemplo que daban a los demás. Actuaban más cómo consejeros y guías que como gobernantes en el sentido moderno de la palabra; ser jefe era en muchos casos un gran peso asumido como una obligación hacia la comunidad. Clastres da varios ejemplos de jefes que trataban de llevar a sus pueblos a guerras que la mayoría de su gente no quería; el pueblo entonces dejaba de reconocer su autoridad.

Entonces, las sociedades sin estado (generalmente sociedades que se dedicaban a la caza y la recolección o que combinaban estas con la agricultura extensiva) tomaban medidas activas para evitar que un individuo acumulara tanto poder que quisiera ponerse por encima de los demás. Y, de acuerdo a Clastres, casi siempre tenían éxito en esto. Pero entonces, ¿cómo es que surgieron los Estados, cómo es que los seres humanos en tantas sociedades empezaron a aceptar que otros les dieran órdenes y se apropiaran de todo o la mayor parte del excedente que ellos producían? Naturalmente, esta es una de las preguntas centrales de la arqueología antropológica: el problema del origen y el surgimiento de los estados, sobre el cual se han elaborado muchas teorías. Clastres no está de acuerdo con teorías que asuman que el estado es una forma superior de organización social.

Tampoco cree que fueron factores económicos, como la necesidad de producir un excedente mayor (lo cual obviamente es más fácil cuando hay un estado que obliga a la gente a trabajar más), pues para el no hay forma que esta necesidad pudo haber surgido dentro del marco de las sociedades sin estado, que cubrían ampliamente sus necesidades materiales y desconocían el incentivo a la acumulación por la acumulación misma (incentivo que, hay que mencionar, no encuentra su pleno desarrollo hasta el surgimiento del mercado capitalista en los últimos siglos). Clastres argumenta explícitamente que la política viene antes de la economía (lo cual, como el dice, lo distancia de la mayor parte de teóricos Marxistas). Primero tiene que haber una clase que haya acumulado una gran cantidad de poder sobre los demás, antes que pueda haber explotación o la producción de grandes cantidades de excedente que esta explotación hace posible (y el desarrollo tecnológico que surge a partir de la necesidad de producir más). ¿Por que la gente va a consentir a su propia explotación si no es por que son obligados por otros más poderosos que ellos?



Clastres dice que en estos ensayos no es su propósito elaborar su propia teoría sobre por que surgió el estado (al menos no aquí). Pero si quiere esbozar una primera respuesta, y lo que propone es un poco decepcionante para el lector, pues parece más bien banal comparado con la imaginación que muestra en el resto del texto: propone el crecimiento de la población como el factor principal que lleva a la necesidad de crear un estado para poder producir más. Para Clastres, el estado no puede surgir de lo social, de la cultura humana; pero la demografía no es sólo social, es también biológica. Por tanto el factor que lleva al surgimiento del estado viene de fuera de lo social, viene de la zona de interacción entre lo social y lo biológico.



Clastres da como ejemplo la sociedad Tupi-Guaraní de los siglos XV y XVI, que el presenta como uno de los pocos casos de los que se tiene documentación histórica donde se puede observar el casi-surgimiento de una sociedad con estado del interior de una sociedad sin estado.



En su ensayo sobre demografía amerindia, Clastres critica duramente a los historiadores que han subestimado el tamaño de la población de América antes de la invasión española (un tema que tiene claras implicancias para la política de la historia). Se encuentra entre los que han dado los estimados más altos para esta población, y por tanto para la magnitud de la catástrofe demográfica que resultó de la invasión. Enfocándose en los Tupi-Guaraní, muestra como varios historiadores han ignorado intencionalmente a los textos de los cronistas (muchos de ellos jesuitas) que observaron las sociedades Tupi-Guaraní del siglo XVI y dieron datos de la magnitud de las poblaciones que, tal como demuestra Clastres en un análisis detallado, manifiestan bastante consistencia entre si. Esto le lleva a dar un estimado de la población Tupi-Guaraní (que ocupaba el Paraguay actual así como la gran parte de la costa del Brasil, según el con una cultura y lenguaje bastante uniformes desde el río Paraguay hasta la isla de Maranhao) mucho mayor al de otros especialistas.



Habiendo establecido estos marcos demográficos, en el último ensayo Clastres argumenta que las sociedades Tupi-Guaraní (que practicaban la agricultura extensiva así como la caza, la pesca y la recolección) habían aumentado su población a los niveles más altos quizás alcanzados por una sociedad sin estado. Paralelamente a esto, algunos de los jefes de las aldeas habían acumulado mucho poder, y quizás estaban encaminados en una dirección quasi- o proto-estatal. Es justo en este momento histórico (fines del siglo XV), señala Clastres, que surgen en el mundo Tupi-Guaraní una serie de profetas que predican sobre el carácter malvado y nefasto de lo que llaman el Uno y convencen a grandes cantidades de personas a abandonar las aldeas y la sociedad tal como la conocían para encaminarse a la selva en peregrinajes sin fin hacia una supuesta tierra de la felicidad. Clastres sugiere que estos profetas pueden haber sido un mecanismo endógeno de la sociedad para protegerse contra el surgimiento del poder tiránico de los jefes. Pero los multitudinarios y penosos peregrinajes que encabezan casi terminan destruyendo la sociedad que supuestamente habrían estado tratando de salvar.



El poder carismático de estos profetas sobre sus seguidores ciertamente parece asombroso. Clastres por tanto termina el libro en una nota ambigua: ¿Eran realmente los jefes los que representaban la verdadera amenaza de un poder tiránico que podría convertirse en un estado? ¿O eran los profetas? Sea como sea, nunca se podrá saber cual hubiera sido el desenlace, pues a principios del siglo XVI llegaron los invasores portugueses y la sociedad Tupi-Guaraní se vio afectada profundamente, colapsando demográficamente durante el siguiente siglo (de lo cual no se pudieron recuperar, a diferencia de las poblaciones de Mesoamérica y los Andes Centrales; de los Tupi-Guaraní quedaron solo pequeños grupos como los Guayakí del este de Paraguay, así como un elemento cultural en la sociedad mestiza paraguaya).



Estos ensayos de Pierre Clastres son interesantes por la revalorización de las sociedades tribales y de pequeña escala que representan (a pesar de que utilizan el lenguaje racista de la antropología de la época, que como todo lenguaje ciertamente tiene efectos, y es parte de, la teoría en si). También es útil la discusión de la “sociedad afluente original” – concepto que, a pesar de haber sido ampliamente aceptado en buena parte de la antropología en los años siguientes, no parece haber entrado mucho al resto del discurso público, que por lo general mantiene una visión de las sociedades tribales y de cazadores-recolectores como simplemente “pobres.” El enfoque sobre los mecanismos mediante los cuales las sociedades se protegían contra el surgimiento de un estado también es de gran interés, como son también las críticas a teorías existentes sobre la formación del estado.



Las ideas que presenta Clastres mismo sobre como pudo haber surgido el estado, sin embargo, no son tan elaboradas ni tan convincentes en mi opinión, al menos no en este libro. Por otro lado, es difícil evitar la sensación de que hay cierta idealización de las sociedades sin estado – quizás pienso eso porque no soy anarquista (aunque tengo bastante respeto por la consecuencia de militantes anarquistas del pasado, y por muchas, aunque no todas, de sus ideas). Los que necesiten averiguar más sobre la confluencia entre la antropología y el pensamiento anarquista deberán consultar, aparte de Clastres, a un antropólogo y militante anarquista que se han ocupado de estos temas – David Graeber, quien hizo su trabajo de campo en Madagascar y cuyo libro sobre teorías del valor, Hacia Una Teoría Antropológica del Valor: La Falsa Moneda de Nuestros Propios Sueños (Toward an Anthropological Theory of Value: The False Coin of Our Own Dreams) leí hace un par de años. Más recientemente ha publicado dos libros que no he leído pero que tratan más explícitamente de las potencialidades de una antropología anarquista que cuestione las formas de poder y de estado: Fragmentos de una Antropología Anarquista (Fragments of an Anarchist Anthropology) y Posibilidades: Ensayos sobre Jerarquía, Rebelión y Deseo (Possibilities: Essays on Hierarchy, Rebellion and Desire). Lamentablemente, hasta donde se estos textos no han sido traducidos al castellano.

(Foto: http://raforum.info/spip.php?mot1286&debut_mots_ici=50&lang=fr)

24 mar. 2009

Presentación de libro - "Minería y conflicto social"

Para los que se interesan por el tema de la minería, un anuncio de parte del IEP...

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Presentación del libro: “Minería y conflicto social”

Marcos Cueto, Director General del Instituto de Estudios Peruanos IEP y Javier Portocarrero Maisch, Director Ejecutivo del Consorcio de Investigación Económica y Social CIES, tienen el agrado de invitarle a la presentación del libro:

Minería y conflicto social, de los autores: José de Echave, Alejandro Diez, Ludwig Huber, Bruno Revesz, Xavier Ricard Lanatta y Martin Tanaka.

El libro ha sido publicado por el Centro de Investigación Económica y Social CIES, Instituto de Estudios Peruanos IEP, Centro de Investigación y Promoción del Campesinado CIPCA y el Centro Bartolomé de las Casas CBC.

Los comentarios estarán a cargo de Pablo de la Flor y Rolando Luque.

La presentación se realizará el martes 31 de marzo a las 6:30 p.m., en el Instituto de Estudios Peruanos, Horacio Urteaga 694 - Jesús María

Lugar: Instituto de Estudios Peruanos (Horacio Urteaga 694, Jesús María)
Fecha: martes 31 de marzo del 2009
Hora: 6.30 pm.

Agradecemos su gentil asistencia

Reseña:
El libro pretende poner a prueba una serie de hipótesis sobre conflictos mineros en el Perú por medio de la lectura cruzada de seis casos emblemáticos, y analiza las causas y temas que se ponen en juego para los diversos actores. A partir de un análisis de la legislación concerniente a la minería y de una reflexión transversal sobre los problemas de gestión del territorio y gobernanza, presenta una serie de recomendaciones de políticas públicas. Una hipótesis central que recorre este trabajo radica en el hecho de que, de acuerdo con las más recientes teorías del conflicto, los conflictos mineros no pueden ser resueltos, sino tan sólo transformados.

23 mar. 2009

Conferencia - Miércoles 25 7:30 - Racismo y estereotipos

Comparto el anuncio de esta conferencia en el Centro Cultural Peruano Japonés:

Conferencias por el Día Internacional de la Mujer
Miércoles 25 de marzo, 7:30 p.m. Ingreso libre
Centro Cultural Peruano Japonés, Auditorio Ryoichi Jinnai
(Av. Gregorio Escobedo 803, Residencial San Felipe, Jesús María)

"DIMES Y DIRETES RACISTAS.
Estereotipos y prejuicios sobre las mujeres negras, chinas, andinas y aymaras"

Participan:
DELIA ZAMUDIO (Grupo Negro Mamainé)
LILIANA COM (Gestora cultural)
ELIZABETH LINO (Investigadora de la tradición oral)
ZELIDETH CHÁVEZ (Escritora)
Modera: Doris Moromisato

Existen muchos prejuicios raciales en nuestro país, se dice que la mujer negra es muy sexual por naturaleza, que las chinas siempre son sumisas, que las andinas son tercas y las aymaras todo lo ven negocio, ¿quiénes refuerzan estos estereotipos que encasillan a las mujeres, que dicen ellas sobre estos dichos populares? Esta mesa redonda, conformada por legítimas representantes de cada grupo, buscará rescatar la memoria histórica de mujeres herederas de la cultura negra, china, aymara y andina, dialogando cálidamente con la finalidad de buscar puentes e ilusiones comunes.

17 mar. 2009

Victoria de Mauricio Funes y el FMLN


(foto: revolucionelsalvador.com/mauricioenaccion.html)


La victoria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones para la presidencia de El Salvador, el día de ayer, es un hecho muy significativo para ese país y para Latinoamérica en general. No sólo marca un triunfo más para la izquierda en la región, sino que representa la victoria de un grupo ex-guerrillero que luchó por 12 años en una guerra civil contra una de las oligarquías más reaccionarias del hemisferio.

El nuevo presidente-electo de El Salvador es Mauricio Funes, un conocido periodista y el primer candidato presidencial del FMLN que no es un ex-guerrillero. En su campaña por la presidencia, Funes proyectó una imagen de moderación y pragmatismo, pero sin dejar de identificarse como un hombre de izquierda.

Desde 1988 había gobernado el partido de derecha, el ARENA, fundado por el líder paramilitar Roberto D’Aubisson.

La guerra civil en El Salvador duró de 1980 a 1992, y fue un enfrentamiento entre el FMLN por un lado, y el ejército salvadoreño y grupos paramilitares aliados, por el otro. De acuerdo al informe de la Comisión de la Verdad de la ONU, establecida como parte de los acuerdos de paz de Chapultepec de 1992, se calcula que murieron más de 75,000 personas en el conflicto (en un país con menos de un tercio de la población del Perú). Generalmente se cree que alrededor de 95% fueron victimados por las fuerzas del gobierno y los paramilitares, y un 5% por las guerrillas del FMLN. En esto el conflicto salvadoreño se diferencia ampliamente de la guerra civil que tomó lugar en el Perú durante el mismo período, en la cual la violencia del Estado y la violencia perpetrada por el principal grupo insurgente (Sendero) fueron de una magnitud más similar.



Las raíces del conflicto en El Salvador se encontraban en la extrema concentración de tierra y desigualdad social, y los hábitos de represión por parte de las clases dominantes contra el resto de la población. Esto se había visto reflejado en la Matanza de 1930, cuando el gobierno militar de Hernández Martínez respondió a un intento fallido de sublevación por parte de comunistas, campesinos y obreros (liderados por Farabundo Martí) con una masacre en la cual perdieron sus vidas entre 10,000 y 30,000 personas.





Por las siguientes 5 décadas El Salvador tuvo casi únicamente gobernantes militares. En los años 70, una sucesión de fraudes electorales y golpes militares, la violencia perpetrada por grupos paramilitares contra dirigentes populares, y la permanencia de las desigualdades sociales (añadidas al clima político internacional, que favorecía la acción revolucionaria), llevaron a la polarización de la sociedad. Esto culminó en 1980 con la unificación de varios grupos de izquierda, constituyendo el FMLN, que inició la lucha armada el año siguiente. Los 80s fueron una época de extrema violencia, con asesinatos de dirigentes, periodistas y personalidades percibidas como favorables a las guerrillas (como el Arzobispo Oscar Romero), así como masacres como la de El Mozote. Mientras tanto, el gobierno estadounidense de Ronald Reagan demonizaba al FMLN y financiaba a las fuerzas armadas salvadoreñas, entregando más de $6 mil millones, a pesar de que eran ellas junto con los paramilitares que cometían la mayor parte de la violencia. También en esta década, un presidente civil, Napoleón Duarte, trató de promover reformas para facilitar una salida pacífica al conflicto, pero fue incapaz de controlar a los paramilitares de la derecha. La gran ofensiva del FMLN en 1989, en que llegaron a controlar partes de las ciudades más importantes, dejó demostrado que las guerrillas no podrían ser derrotadas militarmente y que un acuerdo de paz sería necesario. Fue así que se negoció el Acuerdo de Chapultepec en 1992. Debido a la fuerza que mantenía la guerrilla, esta logró obtener concesiones importantes en los acuerdos de paz, tanto de desmobilización de los grupos armados de derecha como algunas reformas sociales y económicas. Estas concesiones fueron mucho mayores que en el caso del fin de la guerra civil de Guatemala, donde el movimiento guerrillero estaba mucho más debilitado. Posteriormente a los Acuerdos de Paz, el FMLN entró a la política electoral salvadoreña como un partido legal.



Esto es un poco de contexto histórico para entender la victoria de Mauricio Funes y el FMLN en las elecciones del domingo. Sin embargo, este suceso sin duda será interpretado también como parte del movimiento hacia la izquierda que ha mostrado la política latinoamericana en la última década (con excepciones importantes como Perú y Colombia). Este momento histórico por el que estamos pasando en la región debe ser analizado y comprendido cabalmente, especialmente por los que nos consideramos parte de la izquierda, para que no se desperdicie esta oportunidad, que probablemente no dure para siempre.

Sin duda, parte de la profusión de victorias electorales de izquierda en América Latina se ha debido a una reacción contra las políticas neoliberales que predominaron en los 90s. Como la neoliberalización fue bastante uniforme a través de la región, es natural que la reacción contra ella también sea bastante uniforme y generalizada.

Sin embargo, parece también haber mucha confusión y desacuerdo sobre lo que deben hacer los partidos y grupos políticos de izquierda o centro-izquierda una vez que llegan al poder. Antes había una idea más clara, aún si muchas veces errónea, de lo que constituía en términos concretos el socialismo como sistema económico y político. En América Latina casi no se llegaron a hacer experimentos socialistas (con excepciones como Cuba, Chile bajo Allende y Nicaragua), por lo cual la idea no se desprestigió al mismo nivel que en Europa del Este o China, pero de todas maneras el desprestigio llegó desde afuera en los 90s. La propiedad social o del estado ya no parece ser un objetivo, por lo menos no un objetivo inmediato, de los partidos de izquierda que están llegando al poder en los países de la región (con excepción de Bolivia en materia de recursos naturales). Talvez esto es algo positivo, talvez no lo es. Sea como sea, es crucial que la izquierda latinoamericana se dedique a crear nuevos programas y propuestas, apropiados al mundo de hoy, antes de que pase esta oportunidad histórica que representa el fortalecimiento de la izquierda y centro-izquierda en partes importantes del hemisferio.

13 mar. 2009

Neil Smith y El desarrollo desigual



Hace poco terminé de leer el libro Uneven Development: Nature, Capital and the Production of Space (El Desarrollo Desigual: Naturaleza, Capital y la Producción del Espacio) del geógrafo estadounidense Neil Smith. Este libro, publicado en 1984, es un clásico de la nueva geografía que surgió a partir de los años 60 y que está asociada en primer lugar a la figura de David Harvey, maestro de Smith. Esta nueva geografía, con fuerte influencia teórica de Marx, poco tiene que ver con la memorización de países, ríos y actividades económicas que muchos recordamos de la geografía que se enseña en la mayor parte de los colegios. Más bien, geógrafos como Harvey, Smith y otros están entre los pensadores que más han hecho por comprender el funcionamiento del capitalismo contemporáneo, el cual según ellos está íntimamente ligado al uso y la producción del espacio geográfico.

Como indica el título, el libro de Smith busca entender la problemática del desarrollo desigual: ¿por que en el sistema capitalista algunas zonas se desarrollan más que otras? ¿por que algunas se enriquecen y otras se empobrecen, o por que a veces la misma región pasa por una etapa de crecimiento y luego otra de empobrecimiento?

Estos problemas me parecen cruciales para la comprensión del sistema en que vivimos, pues el capitalismo no es unitario ni homogéneo. Tanto los liberales que pretendan demostrar que la economía de mercado siempre resulta en bienestar, como los izquierdistas que traten de mostrar que nunca lo hace, van a estar equivocados. El capitalismo contiene momentos, y sitios, tanto de de abundancia como de pobreza. ¿Que determina cuando y donde estos ocurren, cuales son las causas de esta distribución, y que tan inflexible es esta desigualdad?

En mi opinión, Smith no logra responder a esta pregunta completamente, pero si da algunas ideas que contribuyen a una posible respuesta. En lo que sigue, trato de compartir mi propia interpretación de algunas de las ideas del libro sobre estos temas, aunque no pretendo resumir todos sus argumentos. Me centraré en la cuestión del desarrollo desigual; no tocaré más que brevemente los otros aspectos que desarrolla el libro, como son la producción de la naturaleza y del espacio, que también son sumamente importantes para el argumento del autor.

Para Smith, la contradicción que se observa entre espacios de riqueza y espacios de pobreza es expresión directa de tendencias y contradicciones internas al modo de producción capitalista – es decir, al conjunto de relaciones sociales de producción típicas de una sociedad capitalista. En particular, Smith identifica tanto tendencias de diferenciación como de igualación. Es decir, dentro del capitalismo hay tendencias que hacen que los distintos espacios y sectores sociales se parezcan más entre si y adquieran niveles más similares – y tendencias que hacen que los mismos se diferencien más y más entre si y hasta adquieran características opuestas. Estas dos tendencias opuestas se encuentran y forman lo que Smith llama la dialéctica de la diferenciación y la igualación, dando como resultado el complejo patrón de desarrollo desigual que observamos. A veces el mundo se vuelve más homogéneo, a veces más heterogéneo.

¿Cuáles son las tendencias que empujan hacia la diferenciación? El autor comenta que los geógrafos del siglo XIX y principios del XX atribuían las diferencias económicas en el mundo a las distintas características naturales de cada país. Pero una vez que el capitalismo llega a predominar, dice Smith, las diferencias en condiciones naturales importan cada vez menos, pues la naturaleza llega más y mas a ser producida por la mano del ser humano. Además, los nuevos medios de transporte permiten que los centros de producción estén ubicados más lejos de las fuentes de materias primas, y en todo caso muchos de los materiales utilizados en la industria ya no son materias primas directamente extraídas de la tierra, sino que han pasado por complejos procesos de transformación industrial (por ejemplo, del petróleo a los plásticos). Por tanto, ya no es tanto una lógica natural (en el sentido de pre-social) la que determina la diferenciación, sino una lógica social propia del capitalismo. Y esta lógica para Smith tiene que ver en primer lugar con la división del trabajo y el capital.

El tema de la división del trabajo ha sido analizado por lo menos desde Adam Smith, sino antes, y luego ha pasado por manos de Marx, Durkheim y otros. Como todos sabemos, el capitalismo conlleva una mayor división del trabajo, lo cual sin duda lleva a mayor productividad y por tanto a mayor acumulación general de excedente; también lleva a una mayor alienación del ser humano de si mismo, de otros y de su producto, como señaló Marx. Que la división del trabajo sea una tendencia hacia la diferenciación puede parecer una tautología, pero la intención de Neil Smith no es demostrar esto, que es obvio, sino mostrar las maneras específicas en que toma lugar. Smith toma prestado el análisis de Marx no sólo sobre la división del trabajo sino también sobre la división del capital. Haciendo algunas modificaciones y elaboraciones a este análisis, Smith desarrolla un análisis de la división del capital y el trabajo a 4 escalas: la división general del trabajo y el capital en distintos departamentos (los que producen medios de producción para otras industrias y los que producen bienes de consumo); la división particular del trabajo y el capital en distintos sectores o productores de ciertos tipos de bienes y servicios (construcción, electrónicos, acero, educación, etc.); la división del capital total entre distintos capitalistas individuales; y la división detallada del trabajo dentro del lugar de producción (por ejemplo, dentro de una fábrica).

Esta división del trabajo y el capital a estas 4 escalas es parte íntegra del sistema capitalista, y tiende a plasmarse en el espacio y en las diferencias entre los grupos de personas. Smith considera que las 2 escalas más significativas para el desarrollo desigual entre regiones son la división entre sectores y la división entre distintos capitales individuales. Si es así, uno de los factores más importantes que explicarían porque algunas regiones se desarrollan más económicamente que otras sería a que sectores está asociado (acero vs. plásticos, por ejemplo) y a que capitales individuales les va bien o mal.

Me parece que Smith tiene razón que la división del trabajo y el capital es una tendencia importante hacia la diferenciación del espacio geográfico, pero su discusión específica de este tema se queda un poco corta, no llega a explorar el tema en toda su profundidad, creo que le pudo haber dedicado una parte mas grande del libro.

¿Y que de las tendencias hacia la igualación que forman la otra parte de la dialéctica? El capital tiende a universalizar el valor como la materialización del aspecto abstracto del trabajo, y a universalizar el trabajo asalariado, y otras relaciones de producción como la separación entre los dueños del capital y los que sólo poseen su propia fuerza de trabajo. Estas son tendencias a igualar las condiciones de producción a lo largo y ancho del planeta. Además, las nuevas tecnologías que el capitalismo constantemente desarrolla para mejorar la productividad y la competitividad tienden a ser adoptadas rápidamente por distintos capitales individuales y hasta por otros sectores productivos. En relación a esto, Smith discute la tendencia permanente del capital hacia el reemplazo del capital variable (el que se invierte en mano de obra) por el capital fijo (el que se invierte en tecnología, materiales, maquinaria, etc.).
Smith también discute la tendencia hacia la centralización social del capital (siempre incompleta), que produce una paralela centralización en el espacio. Esta sería otra tendencia (relacionada a la división particular entre sectores) hacia la diferenciación.

En el último capítulo del libro, Smith habla de las distintas escalas que crea el capital en el proceso de acumulación, entre ellas la urbana, la nacional y la global. Estas escalas son “espacios absolutos” dentro de los cuales se concentra la tendencia a la igualación. Al mismo tiempo, el capital diferencia entre espacios relativos, tanto dentro como entre escalas. (La distinción entre espacios absolutos y espacios relativos se desarrolla en el tercer capítulo).

Finalmente, Smith habla de lo que el llama el “vaivén” (seesaw) del capital. Alrededor del planeta, el capital crea una “superficie de ganancias”, en las que algunas zonas tienen tasas de ganancias mas altas que otras. El capital entonces va en búsqueda de las tasas de ganancia altas, y desarrolla estas zonas. Pero el proceso del desarrollo, dice Smith, lleva a una disminución en la tasa de ganancia. En un área particular, el desarrollo económico lleva a menor desempleo, un aumento en los salarios, y el crecimiento de los sindicatos, los cuales disminuyen por lo menos en algo la tasa de ganancias de los capitalistas. Entonces las otras zonas que el capital previamente había desdeñado se vuelven más atractivas en comparación con las zonas recientemente desarrolladas, y el capital se empieza a mudar a las primeras y a dejar las segundas. El resultado es un patrón de “vaivén” del capital entre zonas, creando ciclos de desarrollo seguidos por el subdesarrollo. Según Smith este vaivén, que a la larga sería una tendencia igualadora del capital pero a corto plazo crea diferencias, se observa más en la escala urbana, después en la regional, y menos en la escala global.

Bueno realmente en este breve resumen no le he podido hacer justicia a todas las ideas del libro, ni siquiera en las secciones que directamente tratan con el problema del desarrollo desigual (los capítulos 4 y 5). No tengo espacio aquí para discutir los 3 primeros capítulos, pero basta decir que en ellos Smith desarrolla varios argumentos en relación a la naturaleza y el espacio. En el primer capítulo, critica la ideología burguesa sobre la naturaleza, que lleva a ver la relación entre los seres humanos y el mundo natural como una de dominación; este concepto de dominación (aún en el caso en que es mantenido por pensadores que son críticos de la dominación en si, como la escuela de Frankfurt) implica una exterioridad entre lo natural y lo social que ya no es válida para el mundo. Según el 2ndo capítulo del libro, la naturaleza que conocemos ya es producida por nuestra actividad, algo que se ha venido desarrollando desde la producción más inicial de la naturaleza, luego con la producción inicial de mercancías, y finalmente con la producción capitalista. El objetivo no puede ser detener la producción social de la naturaleza, lo cual ya no es posible, sino cambiar la forma de esta producción. Finalmente, en el 3er capítulo Smith discute la producción no sólo de la naturaleza sino del espacio en si. La “producción del espacio” es un término que originalmente fue inventado por el filósofo francés Henri Lefebvre, pero Smith lo utiliza de una manera ligeramente distinta. Este capítulo hace un recuento muy útil de las distintas nociones del concepto del espacio, entre ellas las provenientes de la física, la matemática, las ciencias sociales, y las humanidades en la era postmoderna también, lo cual ayuda a contextualizar sus propias nociones del espacio – en particular su distinción entre el espacio absoluto y el espacio relativo bajo el capitalismo. El capitalismo destruye el espacio absoluto y lo reemplaza por el espacio relativo (la distribución inicial, natural de las cosas pierde su importancia, y son más bien las distancias relativas y en función a su valor de intercambio que cobran importancia). Al mismo tiempo, dentro de este espacio relativo se crean nuevos espacios absolutos, dentro de los cuales se igualan las condiciones de producción y las tasas de ganancia y el capital logra temporalmente materializarse como capital fijo (tecnología, maquinaria, etc.).

Recomiendo el libro de Neil Smith para los que les interesen estos temas de la desigualdad y la variación dentro del capitalismo, pues desarrolla muchos argumentos interesantes que pueden ayudarnos a entender mejor el sistema. También recomendaría al propio Smith que presente algunas de sus ideas en formatos un poco más claros y concisos y de forma más concreta.

5 mar. 2009

El Museo de la Memoria y la hipocresía del gobierno


Ya todos habrán oído del rechazo por parte del gobierno peruano al ofrecimiento del gobierno alemán de $2 millones para un Museo de la Memoria, que trate sobre el tema de la guerra interna que vivió el Perú en los 80s y principios de los 90s.

El presidente Alan García, el ministro de defensa Antero Flores-Aráoz y el premier Yehude Simon han expresado que el proyecto de museo “no refleja la visión nacional” sobre la época de la violencia (palabras de García), y que el dinero debe dedicarse no a un museo sino a programas sociales de asistencia a las víctimas de la violencia.

Difícil negar que la asistencia directa (en la forma de salud, reparaciones, etc.) es muchas veces mas prioritaria que la educación, la historia o la memoria. Pero si los Sres. García, Flores-Aráoz y Simon realmente están tan interesados en maximizar los fondos para ayudar a las víctimas de la violencia política, ¿por que no empiezan por, digamos, derretir, fundir y vender como metal las estatuas (muchas de ellas con escaso mérito artístico) de Bolognesi, Cáceres, Castilla, San Martín y Bolívar que están desparramadas por Lima? Respeto a estos personajes como figuras históricas, pero nadie puede negar que son menos relevantes al momento actual que los sucesos de hace sólo 2 décadas. O, no restringiéndonos sólo a la supuesta oposición asistencia vs. educación/memoria/historia, ¿por que gastaron tanto dinero estos señores en las cumbres de ALCUE y APEC el año pasado, en vez de dedicarlo a programas sociales?

Es que los comentarios de los señores gobernantes ocultan una profunda hipocresía. Lo que en realidad teme el Sr. García no es que falten fondos para asistir a las víctimas, sino que la gente aprenda la historia de lo que sucedió en los 80s y 90s. Es que, como todos sabemos, uno de los gobiernos de esa época fue el suyo. Y, al igual que Belaúnde y Fujimori, el Sr. García tiene las manos manchadas de sangre. Lo que García teme es que el pueblo peruano escuche sobre la matanza de los penales, la masacre de Cayara y los asesinatos perpetrados por el Comando Rodrigo Franco, entre otros crímenes de su gobierno.

Por lo menos el Sr. García y los miembros de su gobierno deberían tener el coraje de admitir que esta es la verdadera causa de su temor al Museo de la Memoria. No ocultarlo detrás de tanta habladuría de utilizar los fondos para asistencia social, o de críticas a la Comisión de la Verdad, acusándola de ser parcializada contra el ejército, a favor de Sendero, y de “no reflejar la visión nacional.” Críticas que, dicho sea de paso, nunca están fundamentadas en ninguna evidencia concreta, nunca dan citas del Informe Final de la CVR mostrando en que manera este está parcializado a favor de Sendero Luminoso o el MRTA. El gobierno prefiere que la gente no se entere de lo que realmente contiene el Informe Final, ni siquiera en su versión abreviada, pues si se enterara se darían cuenta no sólo de los abusos del primer gobierno de Alan García y los demás gobernantes de esa época, sino que se darían cuenta también de que el Informe, si bien como cualquier informe de su naturaleza es imperfecto, es de todas maneras un documento serio, minuciosamente detallado y apoyado en las evidencias, y que culpa a todos aquellos que mataron inocentes y propiciaron la violencia y la injusticia durante el conflicto.

4 mar. 2009

La tragedia de Winchumayo


La mina de oro de Winchumayo operaba sin licencia para explotación, ni siquiera para exploración. Obviamente, tampoco estaba regulada en cuanto a las viviendas de los trabajadores que se encontraron en el camino del alud. Increíblemente, el Ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, se ha referido a la empresa minera Winchumayo como “un grupo que venía trabajando muy seriamente en un proceso de formalización, se habían asociado positivamente y venían desarrollando la actividad minera en mejores condiciones que en otros casos”. Y Víctor Vargas, el Director General de Minería del MEM, ha dicho que es legal que un grupo de empresarios mineros llegue a un acuerdo con el titular de una concesión para explotar a cambio de regalías, aún cuando este titular no tiene licencia para exploración o explotación.

Según La República, la empresa donde ocurrió el accidente es propiedad del congresista aprista Alfredo Tomás Cenzano (33%), del alcalde del distrito de Ituata, Roger Saya (34%), y de la empresa extranjera Orovega (33%). El congresista Cenzano admitió en su declaración jurada que tiene bienes por S/.1,5 millones e ingresos por S/.665 mil.


De La República de hoy:


Muerte y dolor por el oro
Mié, 04/03/2009 - 07:24

Aún hay 30 desaparecidos por alud en campamento minero, en Puno. Hasta el momento han recuperado los cuerpos de diez personas, entre ellas un niño de 2 años. Los desesperados familiares y la ayuda de emergencia no pueden llegar al campamento. Ayer seis heridos fueron trasladados por la Policía en helicóptero a hospitales de Cusco.

Por: Julio Angulo. Winchumayo, Feliciano Gutiérrez. Ayapata, Liubomir Fernández. Puno, Carlos Carrillo. Cuscoy Beatriz Jiménez. Lima.

Ayer por la mañana un helicóptero conseguía aterrizar en el campamento minero de Winchumayo (provincia de Carabaya, Puno) y evacuar a seis de los heridos del alud que en la mañana del lunes sepultó 50 precarias viviendas, instaladas en medio de un cerro, a la orilla de un riachuelo y debajo de los tajos que informalmente abrieron sus ocupantes en busca de oro. Más de 300 mineros, cubiertos de lodo, recibían a la comitiva de la Policía y ayudaban a trasladar a los heridos más graves hasta la nave que los llevaría a los hospitales de la ciudad de Cusco.
Hasta el momento son diez los muertos confirmados, entre ellos 3 menores de edad. Los fallecidos identificados son: Saúl Condori Pocco, Pedro Condori Peralta, Axel Miranda Arce (15), Richard Miranda Arce (17), Adán Apaza, Richard Macedo Condori, Miguel Sayhua, Leoncio Calisaya, Rúben Ccama y un niño de dos años.
Sin embargo, según los propios mineros y el alcalde del distrito de Ituata, Roger Saya, los desaparecidos suman más de treinta. Tres efectivos miembros de la Unidad de Alta Montaña quedaron en la zona para recuperar los cuerpos que todavía permanecen sepultados por el lodo. Entre los desaparecidos no se descarta la presencia de más menores de edad, ya que en sus vacaciones son muchos los jóvenes escolares que trabajan en el campamento .
Pero la tragedia pudo ser aun mayor. “La luz del día permitió que unas 150 personas se salvaran de morir”, declaró a La República el médico Aldo Vallena Yanqui Rimachi, rescatista de la Dirección Regional de Salud del Cusco que viajó a la zona de emergencia . “Lamentablemente las construcciones están cerca de un río y el deslizamiento pudo haber llevado los cuerpos hasta unos tres kilómetros cerro abajo”.
El médico relató que las personas que fallecieron aún se encontraban dormidas y descansaban sin reparar en el violento ruido del huaico. “Es increíble cómo tantos niños se han salvado gracias a la oportuna reacción de sus padres”. La evacuación del resto de los heridos que se realizará hoy estará supeditada a las buenas condiciones meteorológicas, informó el comandante PNP Carlos Valdivia Moyano, piloto del helicóptero.
Entre tanto, el director regional de Defensa Civil, Guido Bayro Orellana, indicó que es urgente la reubicación de estos centros poblados debido a que la temporada de lluvias proseguirá con más fuerza.
La práctica minera en Winchumayo es totalmente artesanal e informal. Cientos de mineros laboran en el lugar desprotegidos, sin condiciones mínimas de seguridad. No saben de salarios y remuneraciones mensuales, tampoco de bonificaciones o seguridad social.
Testimonios de dolor
Más de 16 horas de camino separan a los familiares de los restos de sus seres queridos. La desesperación crece en ellos por sacar los cuerpos inertes de sus parientes, ya que el lugar del desastre, el campamento minero de Winchumayo, se ha vuelto casi inaccesible.
Ayer, los familiares permanecían en la capital del distrito de Ayapata. Luz Marina Arce perdió a sus 2 hijos. Ella no puede llegar hasta la zona. “Pido a las autoridades que saquen los cadáveres de mis hijos en helicóptero. No hay otra forma de ingresar al lugar”, imploró. La mujer dijo que en la tragedia perecieron sus hijos: Axel (15) y Richard Miranda Arce (17), quienes laboraban en la minera informal Winchumayo, dedicada a la extracción de oro. Arce narró que su esposo, de nombre Avelino Miranda, se salvó de milagro. “En el momento de la desgracia solamente estaban mis 2 hijos. Mi esposo había salido y se salvó”.
Horas después de este testimonio, la alcadesa de la provincia confirmaba que el padre de familia, desesperado, cargó los cuerpos de sus hijos en una mula y se dispuso a caminar 16 horas para llevarlos hasta su esposa.
Junto con los familiares, también quedó varada la ayuda de emergencia. Las autoridades del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (Pronaa) de Puno, del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) y un grupo de bomberos no pudieron trasladarse a la zona del desastre. Wilber Cerpa Quispe, jefe del Pronaa de Puno, indicó que llevaron tres toneladas de alimentos y una tonelada de ropa usada, sin embargo, se quedaron en Ayapata. “Nos sentimos impotentes por no poder llevar hasta el lugar esta ayuda”, comenta. Vanamente, durante el día hicieron coordinaciones con las autoridades de nivel central para enviar apoyo en un helicóptero.
El alcalde del distrito, Javier Pariapaza Arraya, reclamó al gobierno disponer el uso de un helicóptero para llevar ayuda y sacar a los cadáveres.
“Nosotros hemos contratado esta mañana (ayer) a 21 mulas para trasladar alimentos y frazadas a la zona de desastre, pero los dueños de los animales no quisieron cumplir con lo acordado porque dijeron que la única vía peatonal a la zona fue interrumpida por los deslizamientos. Es imposible llegar por tierra”, dijo el burgomaestre.
Hablan los heridos
“Si estoy vivo es gracias a Santa Bárbara bendita, patrona de los mineros. Si no fuera por ella, seguramente estarían buscando mis restos entre las piedras y el lodo que arrastró la avalancha. Hasta ahora sigo pensando que es un sueño del que quisiera despertar pronto”.
Es el testimonio de Percy Limache Pineda (25), uno de los sobrevivientes del alud ocurrido en territorio de Puno. Percy aún no había salido a trabajar. Las intensas lluvias impedían que él y sus compañeros comenzaran el ascenso al yacimiento minero, y mientras esperaba en su precaria vivienda que la lluvia cese y la nubosidad del ambiente se despeje escuchó el violento ruido de la caída de piedras y lodo. En medio de la confusión del deslizamiento y el alarido popular, Percy salió raudo de su habitación dando brincos prolongados. Pese a su sagacidad para fugar, fue alcanzado por el lodo que lo arrastró unos 10 metros. Percy no perdió el conocimiento. Se reanimó en medio del lodo.
“No había tiempo para correr, todo fue tan rápido. El huaico nos cogió y nos botó debajo del cerro. De milagro, señor, estoy vivo. Lástima que mis demás compañeros no hayan tenido la misma suerte que tuve”.
“Vi a un hombre volar”
Doña Edith Argote Palomino fue testigo de la tragedia. En el momento del aluvión, se encontraba a unos 5 metros de las viviendas arrasadas. Agolpada de lágrimas, contó que vio a un poblador “volando por el aire”.
“El huaico nos sorprendió a todos, y en verdad nos cogió desprevenidos. Nosotros, que creíamos que también nos iba a alcanzar, salimos disparados en búsqueda de mejor sitio. No me va a creer, pero fue increíble cuando vimos a uno volando por el espacio como una mosca. Seguramente es él uno de los desaparecidos, porque fue a parar hasta La Playa, a unos dos kilómetros de la zona de emergencia.”
Edith trabaja en el lugar vendiendo prendas de vestir. Un día antes había llegado a la zona para ofrecer buzos a los mineros. Desafortunadamente se encontró con la tragedia que la dejó “traumada para siempre”.
Enfoque
Julio Angulo DelgadoReportero gráfico de La República
“Se me quedó grabada la miseria”
El intenso calor y una sensación de asombro y melancolía me invadieron cuando al bajar del helicóptero divisé a la gente empapada de lodo de pies a cabeza.
La espesa vegetación de la zona y el insoportable calor hacían que la marcha hasta el lugar del desastre fuera cada vez más pesada. Junto a mí caminaban más de 300 mineros, quienes ayudaron en la labor de rescate de los heridos. Cuando llegamos a la zona del alud, el panorama era desolador. Las precarias viviendas estaban sepultadas bajo el lodo y sobre el ras de la superficie se asomaban restos de utensilios y ropa, que son el triste recuerdo de lo que fue alguna vez parte del campamento minero de Winchomayo. El miedo seguía presente.
Los deslizamientos no habían cesado y el lodo seguía cayendo desde la parte alta. Cada paso que daba me hundía en el desastre. Plácido me condujo al lugar donde habían amontonado a sus muertos, mientras me contagiaba su desesperación y angustia por no saber cómo desenterrar a sus hermanos mineros sepultados. Al retornar al helicóptero con los heridos en camillas, di un vistazo final y se quedaron grabadas en mi retina la pobreza y la miseria en la que viven cientos de familias que se ven obligadas a irse a una zona tan agreste y lejana para sobrevivir.
Salvaron la vida
Lista de heridos. Los heridos trasladados desde el campamento de Winchumayo al Hospital Regional del Cusco fueron identificados como Rosa Apaza Condori (19), quien sufrió la fractura de la pierna izquierda; Jesús Guevara Valencia (35), politraumatizado; David Machaca Mamani (26), policontuso; Osvaldo Alpaca (46), con fractura del hombro derecho; Percy Rimache Pinedo (28), politraumatizado; y Edith Argot de Palomino (40). En la zona del desastre todavía quedan heridos.
“Ojalá que el Estado no olvide más a Carabaya”
1] La alcaldesa de la provincia de Carabaya, Nancy Rossel Anglés, pidió al Estado apoyo para poder trasladar los cuerpos de las víctimas. “Los cadáveres están expuestos en la mina”, explicó. “Pedimos un acto de humanidad para que los familiares puedan enterrar a sus familiares en los distritos y provincias de los que provienen”. Rossel explicó el drama de Ricardo Miranda, padre de los dos menores fallecidos hasta el momento (Richard y Axel, de 17 y 15 años), quien está trasladando los cadáveres de sus hijos en mula hasta su localidad natal de Ayapata, a 16 horas a pie desde el campamento minero.
2]La alcaldesa explicó a La República que muchos de los desaparecidos serían menores de edad, ya que durante las vacaciones y ante la pobreza extrema que padecen se trasladan a trabajar a los campamentos mineros informales que proliferan en la provincia. “Es la única forma en la que estas familias pueden obtener ingresos. Ojalá esta tragedia sirva para que el Estado deje de tener olvidada a la provincia de Carabaya. Quien tendría que responder y tomar acciones por lo que ha pasado es el Ministerio de Energía y Minas”.
3] La accidentada geografía y las intensas lluvias que siguen castigando la zona de Winchumayo ha imposibilitado a los rescatistas a llevar la ayuda que necesitan los pobladores del campamento minero. “No sabemos cómo trasladar a todos ese apoyo pues por vía terrestre sería muy arriesgado”, explicó el alcalde del distrito de Ayapata (provincia de Carabaya). Por eso se requiere el apoyo de la Fuerza Aérea y de las naves de la Policía”, imploró. (Edición impresa La República)